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septiembre 15, 2011

HISTORIA DE CHILE Ordenes religiosas en la Colonia

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Junto con la espada, vino la cruz. Acompañando a las expediciones de Diego de Almagro y Pedro de Valdivia llegaron los primeros sacerdotes, pertenecientes a la Orden de la Merced. En el transcurso del siglo XVI, se instalaron en el país nuevas órdenes religiosas, como los dominicos y franciscanos, que junto con los mercedarios alzaron los primeros conventos en Chile. Además de combatir con las precarias condiciones materiales que les imponía el nuevo territorio, la actividad misionera de los frailes tuvo que hacer frente a la hostilidad de la población indígena, en especial en la zona sur del país. La labor misionera, prioridad en los primeros años de la conquista, se complementaba con la enseñanza, especialmente la de los jóvenes que se preparaban para la vida religiosa y que no tenían cómo costear los gastos de su educación. En 1593 llegaron los primeros sacerdotes de la Compañía de Jesús, orden que llegaría a ser una de las más influyentes en los dos siglos sucesivos, instalando misiones, colegios y conventos en todo el país, fomentando la enseñanza y adoptando una política de protección a la población indígena. Durante el siglo XVII, el clero regular superaba en número a los religiosos seculares. Los frailes de las distintas reglas gozaban de gran popularidad en la sociedad chilena, la que les favorecía con sus limosnas, donaciones y herencias. De este modo, los conventos se multiplicaron con tal celeridad por el territorio chileno que el Rey, en un intento por normar la situación, prohibió las nuevas edificaciones, so pena de demoler los conventos levantados sin su autorización. Desde comienzos del siglo XVIII, la vida de los misioneros -el oficio de párrocos y la residencia en pequeños conventos- comenzó a exhibir cierto grado de debilitamiento en la disciplina y en el rigor de la vida monástica de un buen número de órdenes religiosas. Por otra parte, la sociedad colonial, aunque profundamente religiosa, se inmiscuyó demasiado en los asuntos domésticos de los conventos, llegando incluso a participar en la elección de los superiores de los mismos. La excepción fueron los jesuitas, los que se dedicaron con fervor al estudio, la oración y la enseñanza, manteniendo de este modo una decisiva influencia en nuestra sociedad. Y fue precisamente esta influencia en la sociedad de la época, la que en parte determinó a la corona española a expulsar de todos sus dominios a la Compañía de Jesús. La orden real fue cumplida, y Chile -como el resto de América- vio detenerse el proceso misionero y cultural que habían emprendido los jesuitas. Con la intención de poner freno al debilitamiento espiritual que afectaba al clero chileno, las autoridades eclesiásticas emprendieron un conjunto de iniciativas tendientes a restablecer el orden y disciplina al interior de los conventos. El obispo Manuel de Alday convocó a un Sínodo Diocesano en 1763 y emprendió enérgicas medidas para lograr una reforma del clero regular. La reforma eclesiástica no se limitó sólo a los claustros, sino que intentó extenderse al conjunto de la sociedad a través de la prédica y la acción directa de la Iglesia. En relación con las órdenes de religiosas, hacia 1754 existían conventos repartidos por el territorio, especialmente entre Santiago y Concepción, quienes también se dedicaban a la instrucción de las hijas de las familias acomodadas. Estas eran de las Agustinas, Clarisas de Nuestra Señora de la Victoria, Claras, Carmelitas de San José y Capuchinas. Más tarde se fundaron las Dominicas de Santa Rosa, las Carmelitas de San Rafael y la Compañía de María.






HISTORIA DE CHILE El bajo pueblo colonial

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Mestizos, inquilinos y vagabundos en Chile Colonial

Tipos populares de Chile Tradicional

La historia profunda del mundo rural chileno, de su gente y sus costumbres, además de la persistencia del latifundio como sistema de propiedad de la tierra, explican el surgimiento de una diversidad de tipos o personajes característicos del mundo popular campesino colonial. Arrendatarios, labradores, inquilinos, pequeños propietarios, vagabundos, afuerinos, labradores, gañanes, peones ambulantes, vaqueros y medieros formaban parte de la amplia gama de prototipos o paradigmas existentes en el Chile rural de antaño. En este contexto, el espacio popular donde se desenvolvió la sociabilidad de estos estratos fue la chingana. Uno de los arquetipos más tradicionales y permanentes del campo chileno fue el inquilino, quien, una vez asentado en los lindes de las estancias, podía establecerse e intentar fundar una familia. Lauro Barros planteaba en el siglo XIX que el inquilino “era un agricultor que criaba ganados y sembraba cereales, que miraba como propia la tierra que cultivaba, se radicaba en ella para constituir una familia, aumentaba sus economías para formar un capital, y si servía con inteligencia y honradez, obtenía ascensos como capataz y mayordomo y llevaba hasta su muerte una existencia cómoda. ¡Que diferencia con el peón ambulante que, después de una vida de aventuras, tarde o temprano volvía pobre y andrajoso al antiguo hogar!”. No obstante, a cambio de su estabilidad y la de su familia, el inquilino debía soportar las crecientes arbitrariedades y humillaciones del poder terrateniente que en forma creciente le imponía mayores cargas y obligaciones contractuales. En todo caso, a pesar de su precaria seguridad, el inquilino se diferenciaba profundamente del sector más desfavorecido de la sociedad: el de los vagabundos. Indios, mestizos, mulatos y zambos, es decir, todo lo que las fuentes llamaban “castas”, constituían el origen del perpetuo vagabundaje. En efecto, eran miles los hombres que recorrían los campos y las haciendas buscando un trabajo o algo que hurtar. El peón o gañán era un trabajador temporal que algunas veces vivía en las haciendas, “arrimado” o “allegado” a un inquilino, o se instalaba en las chinganas o simplemente dormía al aire libre en el verano. Era también un candidato fijo a vagar por los campos robando o empleándose como tabernero, mesonero, criado, cochero, lacayo, vendedor de verduras, aguador o mozo de transporte. La afición a los juegos y a las riñas eran otros de los aspectos característicos de los gañanes. Las carreras de caballos, las canchas de juego de bolos, las cartas, en fin, todo lo que diese lugar a levantar ramadas y consumir licores formaba parte del mundo de los vagabundos, ociosos y malentretenidos, como se les llamaba en aquella época. De este modo, las órdenes para castigar los desórdenes en las pulperías y en las tabernas eran una rutina en el Chile colonial. En el siglo XVIII el incremento de la demanda de mano de obra hizo mirar cada vez con mayor dureza y desconfianza a los vagabundos. El crecimiento demográfico, la valorización de la tierra, la expulsión de los inquilinos y la progresiva necesidad de trabajadores para las faenas relacionadas con la exportación de trigo generaron un fuerte aumento de la demanda y de la población flotante en el siglo XIX. No obstante, el proceso de urbanización de la sociedad, iniciado en la segunda mitad del mismo siglo, apaciguó lentamente el movimiento de vagabundos por el territorio chileno e inició un proceso migratorio hacia Santiago.

HISTORIA DE CHILE La poblacíón durante La Colonia

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De la catástrofe a la recuperación demográfica
La conquista española de América significó una verdadera catástrofe demográfica para la población indígena, que en un plazo de medio siglo se redujo en más de un 80 por ciento con respecto al período precolombino. En lo que respecta a Chile, se estima que antes de la llegada de los conquistadores hispanos vivían alrededor de 1 millón de indígenas en todo el territorio nacional, número que se redujo abruptamente durante el siglo XVI debido a las epidemias traídas por los españoles, la desestructuración de los modos de vida tradicionales y una brutal explotación de la mano de obra nativa a través del sistema de encomienda. Con la rebelión indígena de 1598, que arrebató al control español todos los territorios situados al sur del río Bío-Bío, se inició una nueva etapa, caracterizada por la ruralización de la sociedad, el progresivo declive de la población indígena encomendada y el aumento de la población de mestizos libres. La caída demográfica de la población indígena del Valle Central fue tal que obligó a la elite hispanocriolla a buscar nuevas fuentes de aprovisionamiento de mano de obra, que iban desde la captura de esclavos indígenas al sur del Bío-Bío a la importación de importantes contingentes de mano de obra nativa desde Chiloé y la vecina Cuyo. Por otra parte, en ese período se inició la introducción de esclavos africanos, los que, aunque nunca llegaron a ser numéricamente importantes, sí tuvieron un papel destacado en la sociedad colonial. Los traslados de población, las continuas epidemias y los efectos devastadores de la guerra de Arauco causaron nuevos estragos en la diezmada población indígena del valle central, que poco a poco fue desapareciendo como grupo social significativo en la sociedad colonial. En las primeras décadas del siglo XVIII la población chilena inició un lento pero sostenido proceso de recuperación demográfica, logrando tasas moderadas de crecimiento que se mantendrían durante todo el siglo. Sin embargo, el perfil étnico de la población había experimentado un profundo cambio, debido al predominio de mestizos y blancos y la virtual desaparición de la población indígena. Este último proceso se experimentó de una manera más tardía en los valles del Norte Chico, que a mediados del siglo XVIII lograron altas tasas de crecimiento demográfico gracias al descubrimiento de nuevos yacimientos mineros. Paralelamente al crecimiento de la población, que se puede medir a través de los distintos censos y empadronamientos que se realizaron durante la segunda mitad del siglo XVIII, el paisaje del valle central chileno experimentó un profundo cambio, en el que jugaron un papel de primera importancia la fundación de nuevos centros urbanos a lo largo del territorio, el crecimiento espontáneo de otros -como sucedió con Valparaíso- y la consolidación de la gran propiedad territorial en los medios rurales, organizada bajo los sistemas de inquilinaje y peonaje. El sistema social que emergió durante el siglo XVIII mantuvo un elevado nivel de estabilidad, el que aseguró su supervivencia por más de dos siglos. Sin embargo, en este período, las relaciones sociales estaban marcadas por la precariedad, que se hizo visible en el alto número de vagabundos y otras personas que escapaban a las normas dictaminadas por la Iglesia y la elite dominante. La dicotomía entre el discurso oficial y la realidad social se hacía más patente en el ámbito de las relaciones familiares, que conservaron altos niveles de informalidad, especialmente en los sectores más modestos, traduciéndose en un elevado porcentaje de hijos ilegítimos en relación al total de los nacimientos.

HISTORIA DE CHILE La Encomienda

La encomienda fue una institución creada por la Corona española bajo el derecho indiano, que tuvo como objetivo fundamental premiar el servicio de los conquistadores en las nuevas colonias de América, a cambio de la protección y evangelización de sus encomendados. Estos eran grupos de indígenas, en algunos casos muy numerosos, que tenían la obligación de tributar para su encomendero. La encomienda como institución varió en los distintos países de América Latina donde se aplicó, según las características particulares de cada lugar. La concesión de privilegios, otorgados a partir de 1492, tuvo en sus inicios un carácter hereditario, pero a los pocos años las capitulaciones fueron otorgadas por una o dos vidas y bajo la condición de la confirmación por parte de la Corona. En Chile la institución de la encomienda, clave en la constitución social del país, se extendió a través de toda la zona central -desde el valle de Aconcagua hasta el río Maule- y en la zona sur, desde Concepción a Osorno. Esta institución, como toda creación histórica, experimentó variaciones a través del tiempo. En un comienzo el sistema fue utilizado en la minería- especialmente en la extracción de oro- sin embargo la decadencia de esta actividad llevó a la ruralización del servicio personal indígena. Al mismo tiempo, una acusada mortandad de la población indígena debido principalmente a las epidemias, redujo considerablemente el número de los indios encomendados. Durante el siglo XVII, especialmente entre 1600 y 1650, se promulgaron una serie de medidas que tendieron a fortalecer la servidumbre indígena en el campo, así como también la estancia y la hacienda. Sin embargo, ya desde la segunda mitad del siglo XVII se generó, tanto en las colonias como en la metrópoli, un fuerte debate público en torno a la esclavitud que afectaba a los indígenas así como también múltiples denuncias, por parte de los protectores de indios, de maltrato y abuso por parte de los españoles. Durante el siglo XVIII, y principalmente a partir del ascenso de la dinastía borbónica a la monarquía española, comenzó un período de decadencia de la encomienda, hasta su abolición oficial en el año 1791.
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La trata de negros

LA COLONIA EN CHILE

La América española en los siglos XVI y XVII

La dinastía de los Borbones españoles

LOS BORBONES ESPAÑOLES DEL SIGLO XVIII
En 1700, Carlos II, el último rey de España perteneciente a la dinastía de los Austrias, tuvo que hacer testamento, ya que no había tenido ningún hijo. Ese testamento permitiría que un noble francés, Felipe de Anjou, llegara al trono español. Felipe era nieto de Luis XIV (rey de Francia desde 1643) y de la infanta española María Teresa de Austria (hija del monarca español Felipe IV). El temor a que una misma familia, la de Borbón, gobernara en Francia y en España hizo que Inglaterra, las Provincias Unidas (Holanda) y el Sacro Imperio no aceptaran, finalmente, aquel testamento y propusieran al archiduque Carlos de Austria como heredero al trono. El enfrentamiento condujo a la guerra.
Cuando finalizó la guerra de Sucesión española (1702-1714), todos reconocieron como rey de España a Felipe de Anjou (Felipe V).
Felipe V (1700-1746, con un breve paréntesis en 1724).
Luis I (1724).
Fernando VI (1746-1759).
Carlos III (1759-1788).
Carlos IV (1788-1808).
Estos monarcas realizaron una política de profundos cambios en todos los campos (¿has oído hablar del reformismo Borbónico?) para que España recuperara su prestigio en Europa. Este reformismo alcanzó su apogeo durante los reinados de Fernando VI y Carlos III, que prestaron especial atención a la extensión de las reformas a la América española.
En un primer momento, Felipe V tuvo consejeros franceses, pero pronto fueron relevados por políticos españoles. Entre los principales ministros reformistas españoles del siglo XVIII, conviene que recuerdes a José Patiño, al marqués de la Ensenada, al conde de Floridablanca, al conde de Aranda y, sobre todo, a Gaspar Melchor de Jovellanos, máximo representante del pensamiento español durante la Ilustración.
El reinado de Carlos IV estuvo marcado por su coincidencia en el tiempo con la Revolución Francesa y con las tensiones que se crearon en Europa. En España se produjo una profunda crisis, que incluso generó el enfrentamiento entre Carlos IV y su hijo, el futuro Fernando VII. A ello se sumó la ocupación de España por las tropas francesas de Napoleón I Bonaparte, que pretendía destronar a los Borbones e incluir España en el territorio dominado por Francia.
LOS BORBONES ESPAÑOLES DE LOS SIGLOS XIX, XX Y XXI
En 1808, Carlos IV y Fernando VII entregaron a Napoleón sus derechos al trono. Napoleón coronó a su hermano, José I, y los españoles se rebelaron contra esta situación: comenzaba la guerra de la Independencia (1808-1814). Cuando la contienda acabó, con la derrota francesa, Fernando VII regresó al trono español. Su reinado, a partir de entonces, se caracterizó por un marcado absolutismo (sistema político en el que el poder está en manos de una sola persona), como respuesta a la aparición del liberalismo que había divulgado la Revolución Francesa.
Cuando Fernando VII murió, en 1833, le sucedió su hija, Isabel II. Durante su reinado, el liberalismo se instauró definitivamente en España. Isabel II fue derrocada en 1868 por una revolución. Pero los Borbones volverían a reinar en España a partir de 1875, cuando se produjo su restauración en el trono. Los soberanos de la Restauración fueron el hijo de Isabel II, Alfonso XII (que reinó entre 1875 y 1885), y el hijo de éste, Alfonso XIII, el cual renunció en 1931.
Comenzó entonces un periodo de la historia de España (1931-1975) en el que el Estado no fue una monarquía. Tras la II República (1931-1939) y el franquismo (1939-1975), se produjo la segunda restauración de los Borbones. España volvió a ser una monarquía, encabezada por el rey Juan Carlos I (nieto de Alfonso XIII), durante cuyo reinado se produjo la transición a la democracia. El heredero de la corona española es su hijo, Felipe de Borbón y Grecia, cuyo nombre regio habrá de ser Felipe VI.

HISTORIA DE CHILE Imágenes coloniales





Alusivas a la temática señalada


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agosto 21, 2011

Hernán Cortés

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agosto 16, 2011

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Historia II

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julio 31, 2011

La Colonia

CONQUISTA DE AMERICA

CONQUISTA DE AMERICA







Conquista de América
En la primera mitad del siglo XVI se desarrolló un nuevo período en el proceso de penetración española en América: la Conquista de las tierras firmes del continente.
Este nuevo período significó un cambio en las concepciones coloniales de la Corona española, la cual, siguiendo la tradición de la reconquista peninsular, vio la posibilidad de extender su poderío territorial sobre las "tierras de nadie" que representaban América.
La anexión de los nuevos territorios a la Corona española presuponía, asimismo, la instauración de un nuevo tipo de conquista. Un sistema distinto al basado en el intercambio comercial y que se enfocaba a la directa explotación de la mano de obra nativa para labores mineras y agrícolas, y el saqueo de las riquezas de los imperios indígenas.
La Corona, soberana y propietaria de todas las tierras conquistadas, firmaba un contrato con los expedicionarios (capitulaciones), en virtud del cual se determinaba el reparto de los beneficios de la empresa: una quinta parte iba para el rey (Quinto real), una séptima para el conquistador y el resto se dividía entre los soldados.
La Conquista, cuyos puntos de partida fueron Juana (Cuba) y La Española (República Dominicana), se desarrolló con una rapidez extraordinaria, si se tiene en cuenta el reducido número de españoles que participaron en ella, la adversidad geográfica y la inmensidad de los territorios sometidos. Pero las ventajas que tenían estos conquistadores que, por lo general, eran de origen humilde, fueron su pasión religiosa y guerrera, su avidez por la riqueza y el poder y, sobre todo, la superioridad de sus armas, caballos y armaduras de metal, frente a pueblos con armas y tecnologías más básicas.
Por su parte, el problema del sometimiento de los indígenas dio lugar a una serie de justificaciones basadas en la misión evangelizadora y civilizadora de los conquistadores.
Conquista del imperio azteca
La primera expedición conquistadora fue la de Hernán Cortés, quien llegó al valle de México en 1519. Este territorio estaba habitado, principalmente, por el pueblo indígena conocido como azteca, el que había formado un gran imperio en torno a su capital
Tenochtitlán, en la laguna de México.
Al llegar a las tierras de este imperio, Cortés estableció relaciones amistosas con su emperador Moctezuma II. Sin embargo, los sucesivos saqueos a que fueron sometidos los indígenas generaron un levantamiento contra los españoles, que terminó con el apresamiento del emperador. Poco después, Cortés tuvo que enfrentar a tropas enviadas por el gobernador de Cuba (1520),
Diego de Velásquez, para reclamar sus derechos en los nuevos territorios. Luego debió enfrentar una nueva sublevación entre los aztecas, quienes mataron a su propio rey. Ante esto, Cortés decidió abandonar Tenochtitlán (1 de julio de 1520), pero fueron atacados por los indígenas, en un desastre que fue llamado la noche triste.
Días más tarde, sin embargo, y a pesar de las bajas sufridas, Cortés derrotó al ejército azteca en el valle de Otumba. En la primavera de 1521, después de recibir refuerzos, puso sitio a Tenochtitlán y, el 13 de agosto de 1521, después de un asedio de cuatro meses, conquistó definitivamente la ciudad, lo que significó el fin del imperio azteca.
Con este triunfo sobre los nativos, Cortés gobernó el territorio mexicano, bautizado con el nombre de Nueva España, hasta 1540.
Conquista imperio incaico
Después de la conquista de Panamá llegaron noticias de que al sur existía un imperio sumamente rico en oro, conocido con el nombre de Birú o Pirú. Para aventurarse en esta nueva empresa, Francisco Pizarro se asoció con Diego de Almagro y el cura Hernando de Luque.
A la llegada de los españoles a Sudamérica, el pueblo prehispánico más importante era el inca, establecido como imperio en las mesetas andinas de los actuales Perú-Bolivia y cuyo capital era la ciudad de Cuzco. En 1531, Francisco Pizarro inicia la conquista de este imperio, viéndose favorecida por la guerra civil entablada entre los sucesores del Inca, los hermanos Atahualpa y Huáscar. Capturó a Atahualpa en Cajamarca y luego de acusarlo de planear la muerte de Huáscar e idear un complot contra los españoles, lo mandó ejecutar (29 de agosto de 1533). La noticia de su muerte dispersó los ejércitos incas, por lo que Pizarro pudo tomar el Cuzco. Luego, los españoles fundaron una serie de ciudades con el fin de consolidar el poder español: Quito, Trujillo y Lima. Desaparecía así otra gran cultura americana.
Desde las tierras incaicas se conquistaría el resto del continente sudamericano A partir de 1550, todos los territorios americanos conquistados por los españoles se encontraban en manos de funcionarios reales (virreyes y gobernadores), quienes reemplazaron en el poder a los jefes militares.
Conquista de Brasil
El 29 de abril del año 1500, el portugués Pedro Álvarez Cabral alcanzó la costa de Brasil, siendo el primer europeo en llegar tan al sur de América. Llamó Porto Seguro al lugar donde arribó.
Desde mediados del siglo XVI, Portugal estableció un gobernador en Brasil y empezó la colonización. La economía de este nuevo dominio se basaba en la exportación de productos como azúcar, tabaco, cacao y café, y el tráfico de esclavos.Al finalizar el siglo XVI, Brasil representaba una parte importante del comercio portugués.
Repartición de Carlos V
Para tratar de solucionar los conflictos de intereses que se dieron entre Francisco Pizarro y Diego de Almagro, el 21 de mayo de 1534 el emperador Carlos V emitió una capitulación en la que dividía estas tierras en varias gobernaciones:
Nueva Castilla, otorgada a Pizarro. Se extendía desde el Ecuador hasta el paralelo 14º (Chincha). Incluía los actuales Ecuador y norte de Perú y Bolivia.
Nueva Toledo, entregada a Almagro. Comprendía desde el límite de Nueva Castilla hasta el paralelo 25º (cerca de Taltal). Esto era el sur de Perú, el resto de Bolivia y parte del norte de Chile.
Nueva Andalucía, cedida a Pedro de Mendoza. Abarcaba desde el límite de Nueva Toledo hasta el paralelo 36º (Isla Santa María). Incluía a parte de Chile, Argentina hasta los dominios portugueses.
Nueva León, quedó a cargo de Simón de Alcazaba. Iba desde el paralelo 36º al 48º (isla Campana). Tras la muerte de Alcazaba, el rey extendió Nueva León hasta el Estrecho de Magallanes y se la cedió a Francisco Camargo.
¿Sabías que?
Hernán Cortés murió en 1547 en Sevilla (España), pero dispuso que sus restos fueron sepultados en ciudad de México, específicamente en la iglesia del Hospital de Jesús, institución fundada por él.

EMPRESAS DE CONQUISTA


Tipo De Empresas De Conquista EXTRACTO (Con fragmentos en español antiguo) www.odisea.ucv.cl

Cuando se tuvo conocimiento en la Corte de los Reyes Católicos de la Bula Papal por la que se concedía y repartía a los reyes de España y Portugal, las tierras recién descubiertas por Colón, en 1492, se apresuraron los preparativos para que éste realizara una segunda empresa a las Indias. Se invirtió en ella el socorro anual de quince mil ducados que el Tesoro Real percibía de la Hermandad, el dinero y valores secuestrados a los judíos que se expulsaron en 1492, y lo que resultó de la liquidación de las cuentas pendientes que los expulsos dejaron en España. El financiamiento se hizo conforme al principio de que debe gastarse “tanto que no crezca en la costa porque el dinero no falte”.
Para controlar los gastos y centralizar los rescates de oro se nombró un contador general de la empresa, dependiente de los contadores mayores del Reino de Castilla, y veinte lanzas de a caballo pedidas a la Hermandad, a quienes se pagó del Tesoro de la institución seis meses adelantados, tuvieron a su cargo la defensa militar. La empresa debía realizar en las Indias dos objetivos: Rescatar oro exclusivamente para los Reyes y establecer una colonia agrícola en la isla Española. Con este último objeto se pidió a Fernando de Zafra veinte labriegos, los cuales gozarían de un sueldo de treinta maravedíes diarios, aparte del mantenimiento; se exigía en la Real Cédula que ningún labriego fuese moro, ni a un aquel que supiere construir acequias, exigencia esta última la más importante de la orden.
La empresa, destinada al rescate y a la colonización, fue financiada y controlada por los Reyes Católicos dentro del marco de la administración y régimen tributario del naciente Estado español; se realizaba en territorio de propiedad y dominio de los Reyes para satisfacer sus intereses. Fue, pues, estrictamente una empresa de tipo estatal.
El interés que despertó más tarde la riqueza de las Indias mostró los inconvenientes de esta política que limitaba y constreñía el paso de la emigración y actividad españolas a las Indias al débil e insuficiente caudal que permitía la capacidad económica del Estado y la actividad de Colón. Así, pues, sólo se mantuvo hasta el año 1495; el 9 de abril de este año los Reyes dictaron una Real Cédula en la que abandonan la política colonizadora, se quitan los privilegios conferidos a Colón y se abre el paso a las Indias a todo el que quiera “rescatar en ellas y buscar oro e otros metales e otras mercaderías” sic. En ella se resume lo que va a ser, conforme a los intereses de la época, la política de Indias. Esta política señala el triunfo de una poderosa corriente opositora que pedía una política de “puerta abierta”, esto es, una política que permitiera empresas privadas para buscar oro en las Indias, por considerarla más beneficiosa para el Estado que la seguida hasta entonces. Colón había comprendido la importancia que tenía este pensamiento y por lo mismo se esforzaba en desvirtuarlo enviando a los Reyes la mayor cantidad de oro que le era posible. A pesar de ello, no pudo impedir la promulgación de la Real Cédula suscitada, cuyos efectos tardaron en manifestarse hasta el año 1498, debido a que Colón pudo detener la partida de las empresas que por ella se autorizaban, basándose en los privilegios que tenían por la capitulación del año 1492.
El descubrimiento de la costa de Paria y las noticias que sobre sus riquezas en perlas y oro pasaron a España, en vez de afirmar el privilegio de Colón, produjeron su caída definitiva y la Real Cédula entró en plena vigencia. Desde entonces el reconocimiento de la energía y riqueza individuales fue absoluto, ningún campo le fue vedado: la población, los rescates, las conquistas, toda la tierra indígena se entregó a su ambición. El pasajero a las Indias vio allí un medio libre de trabas; no existen clases sociales difíciles de escalar, y que por su larga y respetada tradición le impidan satisfacer su afán de ascenso social; el vínculo con el estamento quedó deshecho al desatracar en la costa española y el señorío de las Indias “levantó los corazones de las viles y serviles personas a pensar y a presumir de sí mismas, que habiendo nacido para servir y trabajar corporalmente y ser mandados, en poniéndole pie en esta tierra no asentaban con nadie, y ya que querían asentar, no para bajar el lomo en servicio alguno corporal, sino para estar y andar enhiestos y con una varilla en la mano y ser verdugo de los…indios y mandar”.
El individualismo renacentista que en Europa dominó en alguna medida el Estado, se manifestó libremente en las Indias, donde era nuevo y nadie inquiría sobre el pasado, “los hijosdalgos” y los plebeyos comenzaban del mismo modo su carrera por la honra: sabemos que Pedro de Alvarado ocultó su manto de caballero de Santiago mientras estuvo en la isla Española, y de eso se le acusa en una probanza. No existen otros méritos que las obras y con ellas todos los conquistadores aspiran a ser hidalgos y a obtener un escudo de armas para dejar “perpetua memoria”. Una fe orgullosa en las fuerzas del hombre se manifiesta en la actividad española de las Indias que tuvo su exacta expresión en la siguiente frase de Lope de Aguirre: “Dios hizo el cielo para el que lo mereciese y la tierra para quien más pudiese.
La relación entre el Estado propietario y soberano y el individuo ávido de riquezas y de renombre, se efectuó mediante la capitulación; éste es un documento público de naturaleza contractual en el que, por una parte, el Estado autoriza la empresa y estipula su participación de beneficios, y por otra, el empresario que se compromete a realizar a su costo la empresa de rescate o conquista aceptando la repartición de beneficios establecida por el Estado. Si la empresa que se autorizaba tiene por objeto la conquista de algún territorio, y por ello se otorgan títulos y salarios, éstos se pagarán de los derechos que deben percibir los Reyes una vez conquistado el territorio.
Obedeciendo a diversos intereses, se constituyen, en España y en las Indias, empresas que van a realizar su objetivo fuera del territorio sometido a Conquista.
Aquí intentaremos una clasificación de tipos de empresas según sus objetivos:

Empresa de rescate. Uno de los incentivos más poderosos de la actividad española en las Indias fue el afán de oro. De este hecho dan fe la mayoría de las crónicas y con extraordinaria precisión, ciertos frailes Gerónimos que en 1512 escribieron una carta al Rey diciendo: “De quinientos a mil hombres que van, no conocen estando allá sujeción a Dios cuan­do más a Vuestra Majestad, han gastado cuanto tenían por ir a venir cargados de oro”. El español no aspira a crear la riqueza indirectamente en la creación de valores económicos; la desea de una sola vez, en abundancia y sentir el placer de su adquisición. De la naturaleza afectiva de esta ambición de oro nos da el padre Aguado una interesante obser­vación, “Gascuña y su gente enterraron estos setenta mil pesos al pie de una ceiba, árbol muy grande y señalado en aquellas comarcas y casi dejando sus corazones allí soterrados con aquel metal, comenzaron a caminar por aquellas monta­ñas...”. Esta sed insaciable de oro dio origen a las empresas que hemos llamado de rescate. El término rescatar, es, según el Padre Las Casas, “vocablo que nuestros españoles por trocar una cosa por otra han usado”. Para reali­zarlo, la empresa navega por las proximidades de la costa y en­tra en relación con los naturales vara obtener oro Y objetos preciosos dándoles, en cambio, cuentas de vidrio y bonetes de colores; una vez terminado el material de rescate, retorna al punto de partida.
Un inventario de los gastos de la empresa de Gil González Dávila nos da una muestra de los objetos que se usan para los rescates y el monto de ellos:
“7 paños
15 nienes
I palmilla verdegay
I palmilla prensada
I veinticuatrén colorado
2 veintiseisenes, I amarillo y I colorado
4 frisas de colores

Total: 389,279 maravedíes


I pieza de seda con que hizo una ropa de terciopelo turquesa verde, I ropa de damasco grana
12 marlotas de cotín de Brujas
Total, 31,122 maravedíes
7 masos de avalor 2,380 maravedíes
3 fardos de angeo 18,198
y otras cosas para rescate costaron 78,717 maravedíes.

Las ganancias que se obtienen en estas empresas derivan de la diversa valoración de los objetos entre indígenas y españoles. Los indígenas, que gustan de los colores brillantes, y, en general, de todo lo que contribuye al adorno de su persona, valorizan en este sentido; en cambio, el español lo hace en un sentido, estrictamente económico. El oro es, para él, la riqueza y sólo en este sentido lo avalúa. La reducción de las piezas de oro a barras apreciables monetariamente, sin considerar su valor artístico, es la expresión objetiva de esta valoración económica. Sin embargo, el rescate es en su fondo subjetivo, en ambos tratantes, equivalentes. Fray Bartolomé, el inexorable impugnador de la actividad de los españoles, dice, refiriéndose a la empresa de Cristóbal Guerra, que “los indios, quedaron muy contentos pensando que iban engañados los cristianos que adquirieron entonces en sus rescates más de ciento cincuenta marcos de perlas”.
Por la naturaleza de su objetivo, la empresa de rescate hace grandes recorridos y los más dilatados reconocimientos de costas; por esto, nuestros historiadores siguiendo la tradición historiográfica de los cronistas, les han denominado “viajes de descubrimiento”.
Las empresas de rescate comienzan desde España el año 1499.
Gonzalo Fernández de Oviedo dice que por su ejemplo los vecinos del Darién compraron navíos o los hicieron de nuevo para rescatar en las costas, de cuyos beneficios entraron en aquella ciudad más de cincuenta mil pesos oro.
Aunque son entre sí idénticas las empresas de rescate de Indias y las de Sevilla, estas últimas muestran, en la explotación, más dependencia del mercado de productos. Los cargamentos de brasil dan una muestra de ello.

Empresa de Indios o “Cabalgada”. El afán de oro del español no sólo dio origen a una economía inestable, basada en la aventura heroica de la empresa de rescate, sino que fue el principio de la economía de la Conquista, esencialmente minera.
La población indígena que la encomienda sometió a un régimen de prestaciones de servicios personales, suministraba la mano de obra para esta explotación. Debido a la ausencia de escrúpulos con que se les trataba y a las epidemias que produjeron las nuevas formas de vida que instituyó la encomienda, la población indígena disminuyó rápidamente en todas partes del continente. Esta disminución dio origen a un intenso tráfico de indios para suministrar trabajadores a los mineros. Aquí nos dedicaremos a estudiar este tráfico destinado a suministrar indios a los mineros de la isla Española y del Darién.
La esclavitud de los indios tuvo dos fundamentos jurídicos: la guerra que permitía hacerlos esclavos cuando se les sorprendía con las armas en la mano y las Reales Cédulas de1513 Y 1525 que autorizaron, para esclavizar a los indios de las islas de Curazao, Oruba y Bonaire y las costas de Venezuela por su naturaleza reacia al Cristianismo. Las empresas que realizaban este tráfico tenían que acomodar sus propósitos a estos dos principios. Según Fray Bartolomé, antes de 1511, los pobladores de la isla Española traían indios de las islas de los Lucayos, Jamaica y San Juan. Cuando la reserva indígena disminuyó en las islas mencionadas, algunos deestos empresarios se dirigieron hacia el Norte en busca de indios, llegando a vislumbrar las costas de La Florida. Posteriormente, los traficantes se orientaron hacia las regiones de Venezuela.
La caza de indios fue tan abundante en estas costas después del año 1525, que según Pedro de Aguado había “en la isla Española muchos vecinos que hacían armadas y pasaban a las demás islas y a las costas de Tierra Firme a hacer cabalgadas y entradas en las poblazones de los indios y prender los que podían y hacerlos esclavos, que éste era su principal trato y contrato”. Según el mismo autor, este tráfico produjo la despoblación del territorio en que después se fundó la ciudad de Coro, cuyo origen se debe a este tráfico. Estas empresas contribuyeron notablemente al reconocimiento de las costas de Santa Marta y Venezuela. Aparte de las abundantes alusiones de los cronistas citados, se dedicaron a este comercio, Rodrigo de Bastidas yJuan de Ampirés.
La explotación de minas de oro en el Darién dio también origen a un intenso comercio de indios. Según Pascual de Andagoya, “de las provincias de Acla y Cueva se llevaron los más indios que fueron al Darién, porque como eran las más cercanas y bien pobladas no era ido un capitán cuando venía otro”. Un fragmento del libro de Tesorería de la ciudad de Santa María del Darién, publicado por don José Toribio Medina en su obra “El descubrimiento del Océano Pacífico”, nos ha permitido ratificar, aunque en forma insuficiente, la observación de Pascual de Andagoya. Este fragmento nos ha permitido reconstituir el movimiento de cabalgadas entre los años 1514 y 1518.
Este tipo de empresa presenta las formas de la “razzia”, o sea, una entrada violenta de los españoles en los territorios indígenas saqueando sus habitaciones y aprisionando los indios.
Empresas de Conquistas Frente a la magnitud territorial del continente, el español siente la tierra vinculada a su destino. Sobre ella, en su extensión y su riqueza, como sobre un pedestal, destacará su nombre. Por todas partes en el continente indígena, las empresas de rescate o de indios tienen un carácter precursor. Ningún territorio que por ellas se descubra quedará fuera del radio de la conquista. Ellas han preparado el acto definitivo del español: la Empresa Conquistadora. Pedro de Aguado, refiriéndose a la conquista de Santa Marta, dice que “Rodrigo de Bastidas tomó entera noticia della por su particular rescate, de donde, como se ha dicho, vino a tomalle afición y a procurar poblalla y gobernalle”. Esta observación puede hacerse extensiva a toda la conquista de las Indias.
La empresa conquistadora es la expresión de intereses diversos en el jefe y en el soldado. En el primero es el afán de honra y el impulso de dominio, y el impulso económico de tierras y de indios para vivir “conforme a su calidad y condición”, en el segundos. No se puede decir que el predominio de un impulso implique la ausencia absoluta del otro en los miembros, jefe, soldados, de la empresa, sino que por su diferencia de intensidad mueven a la misma acción diversamente.
Los jefes de empresas conquistadoras se reclutan entre antiguos soldados de empresas anteriores que, una vez ricos encomenderos, deciden realizar, por sí solos, una nueva empresa con el objeto de adquirir nombradía. En ellos se presenta en grado culminante el ethos de las Indias, el individualismo y el afán de mayor valía y ascenso social
Pedro de Aguado dice, refiriéndose al conquistador de la isla Trinidad: “estando Antonio Cedeño en la isla de San Joan de Puerto Rico por contador de la Hacienda Real, viviendo prósperamente con lo que Dios allí le había dado, no contentándose con su mediano estado y pasadía y queriendo emprender cosas arduas para dejar alguna particular memoria... intentó que se le diese la isla de Trinidad por gobernación y adelantamiento para poblarla y pacificarla. Con análoga fineza de observación, muestra el mismo cronista el propósito de Diego de Ordaz de quien dice que fue a la conquista de Nueva España “con propósito de emprender alguna cosa ardua con que esclarecer más su nombre y dejar de sí memoria como los demás pretenden... “ ” De la Nueva España llevó algunas riquezas, don Diego de Ordaz a España con las cuales y con la codicia que los españoles suelen tener de subir y valer más juntó mil y dos cientos hombres y con ellos se partió de España”.
Don Diego de Almagro, en una probanza hecha en Panamá, dice, refiriéndose al descubrimiento del Perú: “Nuestro propósito fue y es servir a S. M. en el dicho descubrimiento porque obiese noticia de nosotros, e nos honrase e hiciese mercedes e no respeto de otros provechos, pues teníamos los dichos quince mil pesos de que podíamos vivir”.
Motivo poderoso de los jefes de empresa conquistadora es el impulso de dominio; de Valdivia dicen ciertos conjurados que era “soldado cudicioso de mando y que por mandar había aborrecido del Perú donde el Marqués le daba de comer”.Bernal Díaz comenta irónicamente cuando Cortés se hace de rogar ante las insistencias de sus soldados para que acepte la autoridad que ellos le confieren; en las crónicas contemporáneas se dice frecuentemente que “en el mandar no se quiere igual”.
Se emprende una conquista para hacerse un nombre, lograr fama y riqueza a través de ella y obtener un título de gobernador. Desde este punto se aprecia la riqueza de la tierra, pues los soldados de la Conquista se desplazan hacia las tierras ricas. Góngora de Marmolejo nos cuenta cómo habiéndole traído a Valdivia una batea llena de oro, en viéndola, no dijo más que estas palabras: “Desde agora comienzo a ser señor, sin dar gracias al Criador de todo aquello; que cierto no es creedero que un hombre de tan buen entendimiento dejase de dar gracias a Dios, pues de un escudero había levantado tanto que era señor”.
La fama de los territorios auríferos corre por las Indias y pasa España y junto con ella el nombre de su conquistador; es por esto que el español alejándose del círculo de Las Antillas, perseguirá, incansable, al continente hasta agotar la tierra bajo sus pies.
Es indiscutible que el Capitán de Conquista siente el afán de riquezas como el Conquistador en general; pero se diferencia de aquél en que se desprende de ellas, sufre privaciones con el objeto de mantener territorio y títulos, pues éste es inválido sin aquél. Valdivia usa de toda clase de atractivos e impone privaciones a los pobladores de su colonia para traer nuevos hombres del Perú; Pizarro impone la pena de muerte a aquellos que deseen volver a Panamá estando ya de camino al Perú. El Conquistador de Chile dice que por poblar este Reino vendería hasta su mujer, y en sus peticiones al Rey para que le confirme su título de Gobernador, se nota un patetismo y calor de extraordinaria sinceridad.
En estas empresas satisfacen los soldados su ambición de oro, de tierras y de indios. A todos ellas se aluden toda provisión para empresas de conquista, pues se autoriza al jefe para repartir tierra e indios en nombre de Su Majestad, es decir, hacer repartimientos inamovibles. Valdivia pregonó en el Cuzco para conquistar y hacer repartimientos de indios, y aseguró a los que antes habían venido con Almagro que les daría de comer, expresión que en esa época es idéntica a repartirles indios. Diego de Velásquez, para reclutar la gente que pensaba enviar bajo el mando de Cortés a la costa de México, pregonó que ésta tenía por objeto poblar, cuando el verdadero objeto era el rescate. Debido a esto, se produjo el conflicto entre los encomenderos de Cuba que fueron a la empresa de rescate y los soldados que se enrolaron con el fin de obtener, tierras e indios en los nuevos territorios, de lo que se valió Cortés para trasformarla en una empresa de conquista El libro de Bernal Díaz, en su primera parte, es la historia de esta trasformación y de sus vicisitudes.

FORMAS Y FINANZAS DE LAS EMPRESAS DE INDIAS
La empresa o conjunto orgánico en que se expresa la voluntad del empresario, está determinada en sus formas por el siguiente hecho jurídico: en virtud de la Bula de Demarcación, el territorio de las Indias es propiedad y dominio político del Estado español y nadie, sin especial autorización de los Reyes, puede realizar en ellos ninguna clase de objetivos. A este hecho se deben, en gran parte, las formas político-militares que presenta la empresa de Indias.
La capitulación establece la jefatura de la empresa que los Reyes autorizan en calidad de reconocimientos de servicios, y crea una autoridad fundamentalmente política en la que el Estado español delega soberanía y funciones de gobierno, como la de Gobernador, justicia o Alguacil Mayor. Por su origen político, esta jefatura es inamovible, indiscutible y su desconocimiento implica un acto de rebelión.
Las provisiones que los gobernadores dan a sus capitanes tienen por objeto mantener las empresas bajo su jurisdicción mediante una jefatura idéntica a la anterior, pero que depende de ellos directamente. Diego de Velásquez, gobernador de la isla de Cuba, confirió a Grijalba y a Cortés título de capitanes para las empresas de rescate a la costa de México que éstos dirigieron.
El jefe de empresa reúne en sí la directiva de un negocio que en parte es privado y las funciones políticas que permiten a los Reyes mantener bajo su jurisdicción el territorio en que de cualquier modo actúa el español.
Las formas militares: organización centralizada y jerárquica, basada en una rígida disciplina que caracteriza a la empresa de Indias y el título de Capitán General que ostenta su jefe, se deben al medio guerrero en que debe realizar sus operaciones.
El comando único y la organización centralizada de la empresa, no corresponden, en su constitución económica, a la unidad en el financiamiento del instrumental necesario para la realización de su objeto, ni riesgo exclusivo del empresario.
Toda empresa comienza con la creación de su jefatura; su constitución económica y orgánica es un proceso posterior que comienza con el pregón de las capitulaciones o provisiones y de su jefatura en calles y plazas de las ciudades españolas o indianas para reclutar gente. Vásquez Coronado “tocó caja y atambor por Su Majestad con bandera tendida para recoger gente, para hacer la dicha conquista y entrada”. En términos parecidos a éstos, cuenta Bernal Díaz el pregón de las provisiones de Cortés; Valdivia hizo leer las suyas en el Cuzco y Pedro de Urzúa las pregonó por todo el Perú. El pregón de las provisiones tiene por objeto atraer a los emigrantes recién llegados de la Península y a las masas de soldados flotantes que son los residuos de otras empresas en las que sólo ganaron experiencia.
Esta masa de soldados flotantes que es un fenómeno típico de las grandes ciudades de la Conquista: Santo Domingo, Santiago de Cuba, Panamá, Cuzco, se debe a la combinación de tres causas:
1º. La pronta repartición de la tierra y de los indios a un reducido número de conquistadores, lo que dejó siempre un gran número de fallidos encomenderos-terratenientes.
2º. La economía minera basada exclusivamente en la explotación aurífera o argentífera que se desarrolló en las Indias inmediatamente después de la Conquista.
3º. Las prestaciones de servicios impuestas a los indígenas por los conquistadores.
Para esta masa flotante, la formación de una empresa significa la posibilidad de realizar su hambre de tierra, oro y honra. De los soldados que salen del Perú, dice Pedro de la Gasca: “cuando se proveen las semejantes conquistas y gobernaciones, los que van allá pretenden, más que por el servicio que en ellas hacen a Su Majestad, que se les encomiende en su nombre indios de repartimientos”. Bernal Díaz dice, refiriéndose al primero de sus viajes a la costa de México: “... acordamos de nos juntar ciento y diez compañeros de los que habíamos venido de Tierra Firme y de los que en la isla de Cuba no tenían indios y concertamos con un hidalgo que se decía Francisco Hernández de Córdoba... para que fuese nuestro capitán, porque era suficiente para ello, para ir a nuestra aventura a descubrir tierras nuevas para en ellas emplear nuestras personas”. La empresa de Pedro de Valdivia que salió del Cuzco sólo con ocho personas, se incrementó, en Tarapacá y Atacama, con los soldados flotantes que dejaron las fracasadas empresas de Diego de Candia y Pero Anzures.
Los soldados se incorporan a la empresa “a su costa y misión” o con armas suministradas por el jefe, las que ellos pagarán con la parte que les corresponda en el botín; viven a su costa mientras la empresa realiza sus operaciones, atraídos exclusivamente por los beneficios finales y corren el mismo riesgo que su jefe. Juan Izquierdo, testigo de una probanza, refiriéndose a la conquista de Nicaragua dice: “En aquel tiempo a nadie no se daba ayuda de costas ni salario, sino que cada uno servía a su costa y misión”.
Cortés, al emprender su viaje a la costa de México escribió a todos sus amigos invitándoles a que participaran en su empresa y según Bernal Díaz, “unos vendían sus haciendas para buscar armas y caballos; otros hacían cazabe y se apercibían de lo que habían menester, lo mejor que podían”. Además de estas alusiones generales, tenemos el caso de Gonzalo Mejía, soldado de la conquista del Perú quien, para realizar una expedición a Quito, contrajo con Pascual de Andagoya una deuda por cuatrocientos treinta y dos pesos oro para equiparse. Sabemos que algunos miembros de la empresa que venía a conquistar el Río de la Plata, pagaron a Diego García su transporte, porque los traía en una carabela de su propiedad.
La relación económica y orgánica entre la empresa y sus miembros es una doble participación: estos incorporan sus armas y otros bienes y participan del riesgo. La participación presenta una abundante variedad: el simple peón que se incorpora con sus armas, lanza, ballesta o arcabuz; el que lleva armas y caballos; el que se incorpora con soldados armados a su costa, como Francisco de Aguirre en la empresa de Valdivia a la Nueva Toledo; el que incorpora partes vitales a la empresa, como Diego de Ordaz que puso todos los víveres e instrumentos en un barco de la empresa de Cortés, del mismo modo que Joán Cedeño, Diego García que vino con una carabela de su propiedad en la empresa de don Pedro de Mendoza al Río de la Plata.
La constitución de la empresa de Juan de Grijalba muestra un caso típico de participación y aún, se podría decir, un caso típico de empresa de Indias. Juan de Grijalba era sólo representante de Diego de Velásquez, quien era dueño de los cinco navíos con que contaba la empresa; en el abastecimiento de ellos, víveres e instrumentos, participaron como socios, Alonso Dávila, Francisco de Montejo y Pedro de Alvarado.
La relación que hace Bernal Díaz de los caballos que fueron en la empresa de Cortés y de sus propietarios, nos da una muestra de la constitución de una empresa en las Indias.
Capitán Cortés, un caballo zaino que luego se le murió en San Juan de Ulúa.
Pedro de Alvarado y Hernán López de Ávila, una yegua alazana, muy buena, de juego y de carrera.
Alonso Hernández Puerto Carrero, una yegua rucia, de buena carrera que le compró Hernán Cortés por las lazadas de oro.
Joán Velásquez de León, otra yegua rucia muy poderosa que llamábamos la rabona, muy revuelta y de buena carrera.
Cristóbal de Olí, un caballo castaño oscuro, harto bueno.
Francisco de Montejo y Alonso Dávila, un caballo alazán tostado, no fue para cosa de guerra.
Francisco de Morla, un caballo castaño oscuro, muy corredor y revuelto.
Joán de Escalante, un caballo castaño claro tresalbo; no fue bueno.
Diego de Ordaz, una yegua rucia machorra, pasadera aunque corría poco.
Gonzalo Domínguez, un caballo castaño oscuro muy bueno y gran corredor.
Pedro González de Trujillo un buen caballo castaño, perfecto castaño que corría muy bien.
Moron, un caballo obero, labrado de las manos y era bien revuelto.
Baena, un caballo obero, algo sobre morcillo.
Lares, un caballo muy bueno de color castaño algo claro, e buen corredor.
Ortiz y un Bartolomé García, un buen caballo oscuro.
Joán Cedeño, una yegua castaña...
La jerarquía militar en la empresa es correspondiente con el grado de participación económica. Los socios de Velásquez, en la empresa de Juan de Grijalba, obtuvieron, por su participación en el abastecimiento de los navíos, títulos de capitán de la gente que fue en sus respectivos buques. En la empresa de Pedro de Urzúa al Dorado, algunos soldados se obligaron a socorrerlo con cuatro mil pesos en cambio del título de capitán en la empresa. Diego García que vino en la empresa de Pedro de Mendoza en calidad de piloto mayor debía este título no sólo al conocimiento que tenía de las rutas y de las costas, sino también a la carabela de su propiedad.
Uno de los aspectos espirituales más importantes en las empresas de las Indias es la relación entre el jefe y el soldado. En estas empresas que tienen como fundamento medular de su estructura la esperanza colectiva en el futuro beneficio, el origen estatal de la jefatura entra por muy poco en su verdadera consagración; es decir, en el doble acto decisivo de toda autoridad, de imposición y acatamiento. Los fundamentos verdaderos de la autoridad son de naturaleza interior, basadas, tal vez, en la simpatía y son sus cualidades inherentes, valor y generosidad, elocuencia, fuerza persuasiva y decisión, La creación de autoridad suele, a menudo, ser tarea difícil, aunque sus consecuencias son siempre trascendentes. Diego de Velásquez, titubeó largamente antes de elegir el jefe de su tercera empresa al Golfo de México; Grijalba no le satisfacía por su indecisión e incapacidad; Vasco Porcallo por excesiva tiranía, hasta que Hernán Cortés le fue impuesto por sus amigos.
Bernal Díaz dice, lacónicamente, que para la empresa de rescate que pretendían efectuar por las costas de México, eligieron por capitán a Francisco Hernández de Córdoba, “porque era suficiente para ello.
Las numerosas conspiraciones de la época, y el hecho de que los prohombres de la Conquista, aquellos que más autoridad tuvieron sobre sus soldados, la constituyeron por encima de las autoridades legales de las Indias, como Velásquez y Cortés, o hayan sido rebeldes permanentes como Martínez de Irala y Lope de Aguirre, son prueba irrecusable de la naturaleza afectiva de la autoridad en las empresas de las Indias.
Los beneficios de la empresa se reparten en correspondencia con el grado de participación de cada uno; así en el Perú “cupo a los de a caballo ocho mil y ochocientos y ochenta pesos oro y trescientos marcos de plata, y a los peones cuatro mil y cuatrocientos cuarenta pesos de oro y algunos más y a otros menos, según pareció al Gobernador que cada uno merecía, según la calidad de las personas y los trabajos que habían pasado”, y en el Nuevo Reino de Granada, en la empresa de Jiménez de Quezada, a “cada peón quinientos y veinte pesos y al jinete, o hombre de a caballo, doblado que llamaron dos partes; Y a los capitanes doblados que los jinetes”.
La empresa de Indias, a cualquier tipo que pertenezca, es una sociedad tácitamente contractual entre un gran número de miembros a quienes se reparte beneficios proporcionalmente a su grado de participación.
La descripción de las empresas de Indias que hasta aquí hemos hecho, nos permiten asegurar que la actividad española realizó sus objetivos en empresas privadas en las que sólo la presencia de un veedor, destinado a controlar los rescates y a percibir el real quinto indica la sujeción al Estado. Bernal Díaz dice que después de organizada la empresa y a punto de partir, buscaron un sacerdote y un veedor para que si Dios los llevara a tierras ricas, recogiera el real quinto.
El financiamiento de la empresa de Indias está entregado exclusivamente al jefe de ella; así, Pedro de Valdivia dice que “para hacer esta jornada, el Marqués Pizarro no me favoreció ni con un tan solo peso de la caja de Su Majestad y como a mi costa y hice la gente e gastos que convino para la jornada, e adeudé por lo poco que hallé prestado, de más de lo cual presente yo tenía, en más de setenta mil castellanos”. Esto no significa que el jefe de empresa la financie completamente; considerado como sujeto económico, es sólo un participante y aglutinador de elementos cualitativamente capaces que, debido a la naturaleza política de la jefatura, se disponen a su alrededor. Su grado de participación está sujeto a una gran variedad, pero en general, recaen sobre él los aportes relativos a los elementos vitales de la empresa: víveres, artillería, municiones, etc. Aparte de las observaciones dispersas en las numerosas crónicas, no hemos encontrado sobre este particular otro documento que un poder otorgado por Diego de Rojas a Francisco de Cárdenas para que le compre caballos, yeguas, negros, armas, herrajes y “otros cualquier cosas que sean necesarias para guerra para que yo pueda efectuar esta jornada que al presente hago en nombre de su majestad adelante de las provincias de Chile hasta en cantidad de seys mil pesos de buen oro de perfecta ley de valor cada uno de cuatrocientos y cincuenta maravedíes. . .”.
El financiamiento de esta parte fundamental se hace mediante dos procedimientos: por el régimen de participación que hemos estudiado antes y que llamaremos régimen de participación personal directa, o por el régimen de participación personal indirecta.
En la empresa de Diego de Rojas para conquistar el Tucumán, el régimen de participación personal directa presenta una variedad en el sentido de que los participantes hacen aportes en dinero sin dar lugar por esto a una forma diferente en la constitución de las empresas. Esta se constituyó por la participación de Diego de Rojas, quien poseía las provisiones para conquistar. Nicolás de Heredia y Felipe Gutiérrez; cada uno aportó treinta mil pesos, con lo cual adquirían el derecho a sucederse en la jefatura instituida por Vaca de Castro en la persona de Diego de Rojas, uno después de otro, en caso de muerte, en el orden indicado.
La participación personal indirecta en las empresas se hace por la compañía. Este procedimiento permite ampliar la base de financiamiento de las empresas con la participación de Gobernadores, Oficiales Reales y comerciantes. Los miembros de la compañía que participan indirectamente en la empresa aportan su dinero a la pérdida o a la ganancia, en la misma forma que en la “comenda” con el objeto de participar en el producto económico de ella y el empresario la autorización, su persona, el riesgo, tiempo y trabajo que demande la realización de su objetivo. En1a compañía, los aportes del empresario y del socio, se avalúan igualmente y perciben beneficios equivalentes. Como las empresas de Indias tienen una formación colectiva, los beneficios que se estipulan en la compañía hecha entre el jefe de empresa y cualquier otro individuo sólo se refieren a los beneficios que pertenezcan al jefe una vez hecha la repartición. La compañía no produce alteraciones en la jefatura de la empresa, ni los socios participan de los riesgos y trabajos de ella, sin embargo, los vincula a su riesgo.
El contrato de compañía, aparte de sus variantes circunstanciales, presenta la siguiente forma:
Sepan cuantos esta carta de compañía vieren, como yo Fernando de Luque, clérigo presbítero, vicario de la Santa Iglesia de Panamá, de la una parte y de la otra el capitán Francisco Pizarro, y Diego de Almagro vecinos que somos de esta ciudad de Panamá, decimos: que somos concertados y convenidos de hacer y formar compañía, la cual sea firme y valedera para siempre jamás en esta manera: Que por cuanto nos los dichos capitán Francisco Pizarro y Diego de Almagro, tenemos licencia del Señor gobernador Pedro Arias de Avila para descubrir y conquistar las tierras y provincias de los reinos llamados del Perú... y porque para hacer la dicha conquista y jornada y navíos y gentes y bastimentos y otras cosas que son necesarias, no lo podemos hacer por no tener dinero y posibilidad tanta cuanta es menester; y vos el Dicho don Fernando de Luque nos lo dais porque esta compañía la hagamos por iguales partes, somos contentos y convencidos de que todos tres hermanablemente, sin que hayan de haber ventaja ninguna más el uno que el otro, ni el otro que el otro, de todo lo que se descubriere, ganare y conquistare, y poblare en los dichos reinos del Perú.
Y por cuanto vos el dicho D. Fernando de Luque nos disteis y ponéis de puesto por vuestra parte en esta dicha compañía para gastos de la armada y gente que se hace para la dicha jornada y conquista del dicho reino del Perú, veinte mil pesos en, barras de oro... y nos los dichos, capitán Francisco Pizarro y Diego de Almagro ponemos de nuestra parte en esta dicha compañía la merced que tenemos del dicho señor gobernador y que la dicha conquista y reino que descubriéremos de la tierra del dicho Perú, que en nombre de Su Majestad nos ha hecho y las demás mercedes que nos hiciere y acrecentare Su Majestad y los de su consejo de las Indias de aquí en adelante para que de todo gocéis y hayáis vuestra tercera parte... y más ponemos en esta dicha compañía nuestras personas y el haber de hacer la dicha conquista y descubrimiento, con asistir con ellas en la guerra todo el tiempo que se tardare en conquistar y ganar y poblar el dicho reino del Perú, sin que por ello hayamos de llevar ninguna ventaja de lo que vos el dicho Fernando de Luque lleváredes, sin defraudaros en cosa alguna de ellos, la tercera parte, porque desde ahora en lo que Dios Nuestro Señor nos diere decimos y confesamos que es vuestro y de vuestros herederos y sucesores, de quien en esta compañía sucediere y lo hubiere de haber, y en vuestro nombre se lo daremos y le daremos cuenta de todo ello a vos y a vuestros sucesores... y así de cualquier dictado y estado de señorío perpetuo, o por tiempo señalado que Su Majestad nos hiciera merced en el dicho reino del Perú. . ., sea nuestro el tercio de toda la renta y estados y vasallos que a cada uno de nos se nos diere e hiciere merced en cualquier manera o forma que sea… por vía de estado o renta, repartimiento de indios, situaciones, vasallos seáis señor y gocéis… y yo el Dicho D. Fernando de Luque hago la dicha compañía en la forma y manera que de suso está declarada, y doy los veinte mil pesos de buen oro para el dicho descubrimiento y conquista del dicho reino del Perú a pérdida o ganancia; como Dios Nuestro Señor sea servido y de lo sucedido en dicho descubrimiento de la dicha gobernación y tierra. He yo de gozar y de haber la tercera parte y la otra tercera parte para el capitán Francisco Pizarro y la otra tercera parte para D. Diego de Almagro.
Los Gobernadores y Oficiales Reales que participan en las empresas mediante la compañía, lo hacen en calidad de negocio privado, destinado a acrecentar su riqueza. Las empresas de Juan de Grijalba y Hernán Cortés tuvieron su promotor y participante en Diego de Velásquez, la de Francisco Pizarro y Almagro y la de Francisco Hernández tuvieron como participante al gobernador Pedrarias Dávila. Además de los funcionarios reales, los comerciantes son también personas importantes en el financiamiento de las empresas. Los primeros porque reciben su renta en oro, y los segundos por la naturaleza mercantil de sus negocios y por su disciplina económica, poseen riqueza en metales preciosos que es la más libre en la economía de las Indias.
La forma en que contribuyen los comerciantes a la organización de las empresas de Indias, es, generalmente, el préstamo. Este consiste en la cesión de dinero o mercaderías sin interés, a cierto plazo, al cabo del cual éste debe ser restituido a su dueño; si esto no se cumple, recae sobre la deuda un castigo que consiste en elevar la suma prestada en cierta proporción. Esta alza no podemos considerarla idéntica a la noción del interés del capital, pues no se encuentra relacionada con la productividad del dinero, sino con el riesgo; por lo tanto, podemos decir que el préstamo de los comerciantes a los empresarios se hace sin intereses. Este hecho se encuentra vinculado a la noción del dinero y a la creación de valores económicos. Esta última se considera como una obra esencialmente humana en la que el empleo de dinero para comprar instrumentos no altera su significación antropomórfica. El uso del dinero no se ha elevado aún, en la mentalidad económica del español que ha venido a las Indias a la categoría de inversión de capital, o sea, de una suma de riquezas que se invierte con el objeto de crear nuevas riquezas.
El préstamo de dinero sin interés es correspondiente con la interpretación antropomórfica de la creación de valores económicos, con la organización colectiva de las empresas en las que todos participan con sus instrumentos, riesgos y beneficios.
En los préstamos sin interés encontramos dos variaciones: el préstamo con garantía de indios y el préstamo a la ventura; este último no posee otra garantía que el plazo estipulado y la acción penal. En cambio, por la garantía de indios, el prestamista pasa a usufructuar del tributo o prestaciones personales de los indígenas encomendados en nombre del deudor hasta cancelar la deuda. De esta forma de préstamo conocemos los siguientes casos: el de Jerónimo y Jaime Tría y Pedro de Jerez a Hernán Corté, el de Alonso Galiano a Pedro de Valdivia por intermedio de Alonso de Monroy. En el proceso que se siguió a este gobernador, se ve que el número de personas que gozaban de encomiendas, en pago de deudas, sobrepasa el caso indicado.
Los préstamos a la ventura fueron muy abundantes. El número de personas que prestaron dinero a Hernán Cortés asciende, según lo que consignan Bernal Díaz, Lope de Gómara y la probanza de Ochoa de Lejalde, a diez. Pedro de Alvarado contrajo grandes deudas para realizar su empresa al Perú. Rodrigo de Bastidas murió en la Cárcel de Cuba por no haber podido satisfacer a sus acreedores.











MESTIZAJE


MESTIZAJE Y CULTURA:Entrevista a Osvaldo Silva
POR:
EDUARDO TELLEZ

GREGORIO CALVONATHALIA ESPINA

FRANCISCO GARRIDO
TRANSCRIPTORES:
CARLA DIAZ

CONSTANZA DIEZ

(...) El mestizaje en Chile se inicio cuando los españoles traían sirvientas andinas y se mezclaron con ellas. Los niños nacieron aquí, pero no querían mezclarse con la población nativa de chile, ya que ellos tenían un estado especial, por ser aliados de los españoles, al igual que en la guerra. Estos indígenas que estuvieron llegando hasta finales de siglo XVI no sólo provenían de los Andes, también de Guatemala, Ecuador. Y todos en condición de sirvientes.
Lo importante es que desde 300 años de la fundación de Santiago hasta la colonización del sur de Chile. Hubo permanente mestizaje que forma una sociedad biológicamente homogénea pero desde el punto de vista cultural no lo es. En definitiva el mestizo es una realidad biológica, pero no una cultura mestiza. Ya que los mestizos que nacieron al lado de los españoles, se fueron " españolizando" y los del interior de la frontera "mapuchizando"
Cabe destacar este problema, la falta de cultura mestiza, nuestro modo de ser es una mezcla de lo español y lo indígena, pero esta mezcla no crea nada. Toma elementos, los adapta y los mezcla pero nada que pudiéramos denominar como nuevo distinto de lo español y lo Mapuche.
Desde el punto de vista biológico, la gran mayoría de la población chilena, son mestizos, pero culturalmente hablando hemos adoptado dos formas de vida distinta. Muchos mapuches son mestizos, pero su forma de vida es la de los mapuches. Ocurriendo lo mismo con los chilenos
(...) no hay área cultural andina, hay gente que vino de los andes con los españoles, y vivieron con ellos conservando algunas costumbres, casándose entre ellos, manteniendo contacto con los grupos materiales andinos, como vasijas que se traen del Cuzco. Pero como dependían del sistema europeo y están inmersos en él, no tuvieron independencia para formar una unidad propia. Más que nada, la huella que tenemos de ellos es el lenguaje, la cantidad de palabras quechuas que usamos actualmente en nuestro lenguaje son reflejo de la unión entre los andinos y españoles.
Hay elementos materiales que se pueden haber hecho en estilo andino, y aveces se les puede confundir con prehispanos. No hay ningún núcleo al que podríamos llamar andino del territorio que va de Santiago al sur
(...) los elementos lingüísticos del área andina son parte de la cultura. Si decimos porotos y comemos porotos, la palabra es de origen quechua, no sé si la forma de prepararlos también haya sido quechua, pero no hay que olvidar que, ósea siempre se piensa en lo indígena y español, pero no hay que olvidar lo africano. También ahí hay mestizaje aunque en Chile no fue muy fuerte, pero se manifiesta culturalmente en algunas expresiones actuales. Muchos sostienen que la cueca tiene raíces africanas.
Somos una mezcla muy rara, por que están estos aportes de los grupos étnicos y posteriormente tenemos los aportes de los árabes que se trasladan a América, todo esto se mezcla para dar una forma de ser que no es muy diferente al resto de las naciones americanas, ya que en todas ocurrió lo mismo, los propios elementos, tres o cuatro elementos que están mezclándose.
(...) Los cronistas no hablan casi del componente andino, solamente mencionan que las expediciones que venían del Perú, los españoles traían como sirviente a gente andina, el único que menciona algo es Rózales, pero es del siglo XVI lo que más se dice es que hasta aquí llegaron los incas, pero no se describe ningún tipo de asentamiento, ni los artículos materiales, nada, todo se dice al pasar.
(...) Es que yo no creo que los mapuches hayan sido tan guerreros, es un estereotipo, yo creo que cada grupo que pierde su tierra, lucha por defenderla y recuperarla, y si un grupo es exterminado, osea, el problema está relacionado con la defensa de la tierra no con un espíritu belico. Ahora claro, lo que ocurre con los mapuches que al carecer de autoridad central, no habia nadie que pudiera resolver las peleas entre ellos. Además tenian la idea de que todo lo que afectara a una persona, pesares, enfermedades. Era causado por alguien ajeno a su grupo familiar, originando rivalidades que no había quien resolviera, provocando como en todas partes del mundo que los grupos toman la justicia en sus manos lo que significa guerra, pero no es un estado permanente de guerra ya que se crean mecanismos para compensar, a fin de evitar ser, estar luchando constantemente. Lo que pasa es que la araucana metio el esteriotipo de el mapuche como guerrero permanente. Pero nadie se fija en que era la defensa de la tierra. Nadie hace incapie en que no todos los mapuches fueron enemigos de los españoles, tambien existieron los indios amigos que permitieron que los españoles lograrán sobrevivir, por que estos indios amigos, buscaron la alianzacon los españoles para vengarce de quienes eran sus enemigos dentro de los mismos indigenas. Los españoles resaltan que muchas victorias las tuvierón gracias al apoyo de loa mapuches.ellos buscan el botín de los otros al interior de los bosques de los que eran atacados, no la tierra, ni apoderarce de mujeres, sólo bienes. (...)ya dije que no somos lo novelicosos que se quiere mostrar, si uno piensa , mas bien somos de riñas personales que de guerras de expanción y esas riñas son provocadas por la ingesta de alcohol.
Lo que si es característico, es que nunca olvidamos los agrabios, y eso si tiene que ver con la mentalidad mapuche. Entonces con unos tragos demás, nos empesamos a acordar de lo que nos hicieron, y liberando lo que nos contiene, se producen las riñas, eso, me parece que la venganza y el no olvidar es algo que si esta relacionado con el pueblo mapuche.
(...) en la guerra del Pacifico nunca se exalto la velicocidad de los mapuches, entre otras cosas por que en ese momento estaban conquistandoce el territorio mapuche. El mapuche era parte de nuesrta nacion , pero todabía era un territorio en proceso de colonización y de conquista. Las tropas que estaban al sur del Bio-Bio, fueron una de las que llevaron a la guerra del Pacifico. Y el origen de los soldados en un comienzo eran presos , vagos, gente que salia de las cantinas y la capturaban para enrolarlas en los distintos regimientos pero no hay nada que exalte como propio del comportamiento en esa epoca de lo mapuche.
(...) yo creo que después de la guerra se produce quel que vence allí siempre es mas descalificativo. Ahí empezamos a hablar de los cholos , de todo eso. Antes de producirce el conflicto las relaciones de los grupos altos no era mucha, no habia mucha relaciones económicas entre las sociedades, por lo tanto no habia esa especie de desprecio que surge despues de ser derrotados.(...) He... no, yo creo que hoy en dia hay un esteriotipo de formas de comportamiento, y el que no encaja dentro de ella es calificado de indio, y otra ves esta la condición del vencido , entonces este indio pasa a ser sinónimo de ignorante y muchas otras conotaciones, entonces valoricamente está latente una visión que tambien se expresa socialmente antes, ya no tanto en el hecho de que la mayoria del servicio domestico era mapuche, hay una relación jerarquica en que unos mandan y otros obedecen. Las relaciones jerarquicas tienen que ver con lo europeo, ya que en el mundo mapuche no hay jerarquia.
(...) Nosotros hablamos de los indios bolivianos, de los indios peruanos, osea incluimos a todos los peruanos y a los bolivianos, no pensamos sólo en la población indigena, pero no hablamos de los indios argentinos, ni tampoco llamamos indios brasileños, colombianos o mejicanos.
(...) creo que no hay ninguna relacion con la competencia étnica, si no que hay que ver cual era el estado de donde venían , gente acostumbrada a la violencia que no tenía arraigo casi a nada y por lo tanto busca reivindicarce atraves de los triunfos en los campos de batalla, era adquirir mayor consideración social. Si ganan la guerra, cambiam su situación , reciben una pension. Creo que ese fue un elemento que de alguna manera influyo en el comportamiento de los soldados.

CARTA DE PEDRO DE VALDIVIA AL EMPERADOR CARLOS V


Carta al Emperador Carlos V. 4 de Septiembre de 1545.
S. C. C. M.:
Cinco años ha que vine de las provincias del Perú con provisiones del Marqués y gobernador don Francisco Pizarro a conquistar y poblar estas de la Nueva Extremadura, llamadas primero Chili [chile], y descobrir [descubrir] otras adelante, y en todo este tiempo no he podido dar cuenta a V. M. de lo que he hecho en ellas por haberlo gastado en su cesáreo servicio. Y bien sé escribió el Marqués a V. M. cómo me envió, y dende [desde] ha un año que llegué a esta tierra envié por socorro a la cibdad [ciudad] del Cuzco al capitán Alonso de Monroy, mi teniente general, y halló allí al gobernador Vaca de Castro, el cual asimesmo [asimismo] escribió a V. M. dando razón de mí, y otro tanto hizo el capitán Monroy, con relación, aunque breve, de lo que había hecho hasta que de aquí partió, y tengo a muy buena dicha hayan venido a noticia de V. M. mis trabajos por indirectas, primero que las importunaciones de mis cartas, para por ellos pedir mercedes, las cuales estoy bien confiado me las hará V. M. en su tiempo, con aquella liberalidad que acostumbra pagar a sus súbditos y vasallos sus servicios; y aunque los míos no sean de tanto momento cuanto yo querría, por la voluntad que tengo de hacerlos los más crecidos que ser pudiesen, me hallo merecedor de todas las mercedes que V. M. será servido de me mandar hacer y las que yo en esta carta pediré; en tanto que los trabajos de pacificar lo poblado me dan lugar a despachar y enviar larga relación de toda esta tierra y la que tengo descubierta en nombre de V. M., y la voy a conquistar y poblar, suplico muy humillmente [humildemente] me sean otorgadas, pues las pido con celo de que mi buen propósito en su real servicio haga el fructo [fruto] que deseo, que ésta es la mayor riqueza y contentamiento que puedo tener.
Sepa V. M. que cuando el Marqués don Francisco Pizarro me dio esta empresa, no había hombre que quisiese venir a esta tierra, y los que más huían della [de ella] eran los que trajo el adelantado don Diego de Almagro, que como la desamparó, quedó tan mal infamada, que como de la pestilencia huían della [de ella]; y aún muchas personas que me querían bien y eran tenidos por cuerdos, no me tovieron [tuvieron] por tal cuando me vieron gastar la hacienda que tenía en empresa tan apartada del Perú, y donde el Adelantado no había perseverado, habiendo gastado él y los que en su compañía vinieron más de quinientos mill [mil] pesos de oro; y el fructo [fruto] que hizo fue poner doblado ánimo a estos indios; y como vi [ví] el servicio que a V. M. se hacía en acreditársela, poblándola y sustentándola, para descobrir [descubrir] por ella hasta el Estrecho de Magallanes y Mar del Norte, procuré de me dar buena maña, y busqué prestado entre mercaderes y con lo que yo tenía y con amigos que me favorecieron, hice hasta ciento y cincuenta hombres de pie y caballo, con que vine a esta tierra; pasando en el camino todo grandes trabajos de hambres, guerras con indios, y otras malas venturas que en estas partes ha habido hasta el día de hoy en abundancia.
Por el mes de abril del año de mil quinientos treinta y nueve me dio el Marqués la provisión, y llegué a este valle de Mapocho por el fin del año de 1540. Luego procuré de venir a hablar a los caciques de la tierra, y con la diligencia que puse en corrérselas [en recorrerlas], creyendo éramos cantidad de cristianos, vinieron los más de paz y nos sirvieron cinco o seis meses bien, y esto hicieron por no perder sus comidas, que las tenían en el campo, y en este tiempo nos hicieron nuestras casas de madera y paja con la traza que les di, en un sitio donde fundé esta cibdad de Sanctiago [ciudad de Santiago] del Nuevo Extremo, en nombre de V. M., en este dicho valle, como llegué a los 24 de febrero de 1541 [1] .
Fundada, y comenzando a poner alguna orden en la tierra, con recelo que los indios habían de hacer lo que han siempre acostumbrado en recogiendo sus comidas, que es alzarse, y conociéndoseles bien en el aviso que tenían de nos contar a todos; y como nos vieron asentar, pareciéndoles pocos, habiendo visto los muchos con que el Adelantado se volvió, creyendo que de temor dellos, esperaron estos días a ver si hacíamos lo mesmo [mismo], y viendo que no, determinaron hacérnoslo hacer por fuerza o matarnos; y para podernos defender y ofenderlos, en lo que proveí primeramente fue en tener mucho aviso en la vela [vigilancia], y en encerrar toda la comida posible, porque, ya que hiciesen ruindad, ésta no nos faltase; y así hice recoger tanta, que nos bastara para dos años y más, porque había en cantidad.
De indios tomados en el camino, cuando vine a esta tierra, supe cómo Mango Inga, señor natural del Cuzco, que anda rebelado del servicio de V. M., había enviado a avisar a los caciques della [de ella] cómo veníamos, y que si querían nos volviésemos como Almagro, que escondiesen todo el oro, ovejas, ropa, lana y algodón y las comidas, porque como nosotros buscábamos esto, no hallándolo, nos tornaríamos. Y ellos lo cumplieron tan al pie de la letra, que se comieron las ovejas, que es gente que se da de buen tiempo, y el oro y todo lo demás quemaron, que aún a los propios vestidos no perdonaron, quedándose en carnes, y así han vivido, viven y vivirán hasta que sirvan. Y como en esto estaban bien prevenidos nos salieron de paz hasta ver si dábamos la vuelta, porque no les destruyésemos las comidas, que las de los años atrás también las quemaron, no dejando más de lo que habían menester hasta la cosecha.
En este medio tiempo, entre los fieros [las provocaciones, bravatas] que nos hacían algunos indios que no querían venirnos a servir, nos decían, que nos habían de matar a todos, como el hijo de Almagro, que ellos llamaban Armero, había muerto en Pachacama al Apomacho, que así nombraban al gobernador Pizarro, y que, por esto, todos los cristianos del Perú se habían ido. Y tomados algunos destos [de estos] indios y atormentados, dijeron que su cacique, que era el principal señor del valle de Canconcagua [Aconcagua], que los del Adelantado llamaron Chili, tenía nueva dello [de ello] de los caciques de Copayapo [Copiapó], y ellos de los de Atacama, y con esto acordó el procurador de la cibdad hacer un requerimiento al Cabildo para que me eligiese por gobernador en nombre de V. M., por la nueva de la muerte del dicho Marqués, cuyo teniente yo era, hasta que, informado V. M., enviase a mandar lo que más a su Real servicio conviniese. Y así, ellos y el pueblo, todos de un parecer, se juntaron y dijeron era bien, y dieron sus causas para que lo acebtase [aceptase], y yo las mías para me excusar, y al fin me vencieron, aunque no por razones, sino porque me pusieron delante el servicio de V. M., y por parecer me convenía a aquella coyuntura, lo acebté [acepté]. Ahí va el traslado de la elección como pasó para que siendo V. M. servido, lo vea.
Fecho esto, como no creí lo que los indios decían de la muerte del Marqués, por ser mentirosos, para enviarle a dar cuenta de lo que acá pasaba, como era obligado, había ido al valle de Canconcagua [Aconcagua] a la costa a entender en hacer un bergantín, y con ocho de caballo estaba haciendo escolta a doce hombres que trabajaban en él; recebí [recibí] allí una carta del capitán Alonso de Monroy, en que me avisaba de cierta conjuración que se trataba entre algunos soldados que comigo [conmigo] vinieron de la parcialidad del Adelantado, de los cuales yo tenía confianza, para me matar. En recibiéndola, que fue a media noche, me partí y vine a esta cibdad [ciudad], con voluntad de dar la vuelta dende a dos días, y detóveme [detúveme] más, avisando a los que quedaban viviesen sobre aviso, que a hacerlo, no los osaran acometer los indios. Y no curándose desto [de esto], andaban poco recatados, y de día sin armas; y así los mataron, que no se escaparon sino dos, que se supieron bien esconder, y la tierra toda se alzó. Hice aquí mi pesquisa; y hallé culpados a muchos, pero, por la necesidad en que estaba, ahorqué cinco, que fueron las cabezas, y disimulé con los demás; y con esto aseguré la gente. Confesaron en sus depusiciones [deposiciones, declaraciones] que habían dejado concertado en las provincias del Perú con las personas que gobernaban al don Diego, que me matasen a mí acá por este tiempo, porque así harían ellos allá al Marqués Pizarro, por abril o mayo; y ésta fue su determinación, y irse a tener vida esenta [exenta] en el Perú con los de su parcialidad, y desamparar la tierra, si no pudiesen sostenerla.
Luego tove [tuve] noticia que se hacía junta de toda la tierra en dos partes para venir a hacernos la guerra, y yo con noventa hombres fui a dar en la mayor, dejando a mi teniente para la guardia de la cibdad [ciudad] con cincuenta, los treinta de [a] caballo. Y en tanto que yo andaba con los unos, los otros vinieron sobre ella, y pelearon todo un día en peso [enteramente] con los cristianos, y le mataron veintitrés caballos y cuatro cristianos, y quemaron toda la cibdad [ciudad], y comida, y la ropa, y cuanta hacienda teníamos, que no quedamos sino con los andrajos que teníamos para la guerra y con las armas que a cuestas traíamos, y dos porquezuelas y un cochinillo y una polla y un pollo y, hasta dos almuerzas de trigo, y al fin al venir de la noche, cobraron tanto ánimo los cristianos con el que su caudillo les ponía, que, con estar todos heridos, favoreciéndolos señor Sanctiago [Santiago], que fueron los indios desbaratados, y mataron dellos grand [de ellos gran] cantidad; y otro día me hizo saber el capitán Monroy la victoria sangrienta con pérdida de lo que teníamos y quema de la cibdad [ciudad]. Y en esto comienzan la guerra de veras, como nos la hicieron, no queriendo sembrar, manteniéndose de unas cebolletas y una simiente menuda como avena, que da una yerba, y otras legumbres que produce de suyo esta tierra sin lo sembrar y en abundancia, que con esto y algún maicejo que sembraban entre las sierras podían pasar, como pasaron [2].
Como vi [ví] las orejas al lobo, parecióme [me pareció que] para perseverar en la tierra y perpetuarla a V. M. habíamos de comer del trabajo de nuestras manos como en la primera edad, procuré de darme a sembrar, y hice de la gente que tenía dos partes, y todos cavábamos, arábamos y sembrábamos en su tiempo, estando siempre armados y los caballos ensillados de día, y una noche hacía cuerpo de guardia la mitad, y por sus cuartos velaban, y lo mesmo [mismo] la otra; y hechas las sementeras, los unos atendían a la guardia dellas [de ellas] y de la cibdad [ciudad] de la manera dicha, y yo con la otra andaba a la continua ocho y diez leguas a la redonda della [de ella], deshaciendo las juntas de indios, do sabía que estaban, que de todas partes nos tenían cercados, y con los cristianos y pecezuelas [3] de nuestro servicio que trujimos [trajimos] del Perú, reedifiqué la cibdad [ciudad] y hecimos [e hicimos] nuestras casas, y sembrábamos para nos sustentar, y no fue poco hallar maíz para semilla, y se hobo con harto riesgo; y también hice sembrar las dos almuerzas [porción] de trigo, y dellas [de ellas] se cogieron aquel año doce hanegas [fanegas] con que nos hemos simentado [sustentado].
Como los indios vieron que nos disponíamos a sembrar, porque ellos no lo querían hacer, procuraban de nos destruir nuestras sementeras por constreñirnos a que de necesidad desamparásemos la tierra. Y como se me traslucían las necesidades en que la continua guerra nos había de poner, por prevenir a ellas y poder ser proveído en tanto que las podíamos sufrir, determiné enviar a las provincias del Perú al capitán Alonso de Monroy con cinco hombres, con los mejores caballos que tenía, que no pude darle más, y él se ofreció al peligro tan manifiesto por servir a V. M. y traerme remedio, que si de Dios no, de otro no lo esperaba, atento que sabía que ninguna gente se movería a venir a esta tierra por la ruin fama della [de ella], si de acá no iba quien la trujese [trajese] y llevase oro para comprar los hombres a peso dél [de él], y porque por do [donde] había de pasar estaba la tierra de guerra y había grandes despoblados, habían de ir a la ligera a noche sin mesón, determiné para mover los ánimos de los soldados, llevando muestra de la tierra, enviar hasta siete mill pesos, que en tanto que estove [estuve] en el valle de Canconcagua [Aconcagua] entendiendo en el bergantín, los habían sacado los anaconcillas [yanaconas] de los cristianos, que eran allí las minas, y me los dieron todos para el común bien; y porque no llevasen carga los caballos, hice seis pares de estriberas para ellos y guarniciones para las espadas y un par de vasos en que bebiesen, y de los estribos de hierro y guarniciones y de otro poco más que entre todos se buscó, les hice hacer herraduras hechizas a un herrero que truje [traje] con su fragua, con que herraron muy bien los caballos, y llevó cada uno para el suyo otras cuatro y cient [cien] clavos, y echándoles la bendición los encomendé a Dios y envié, encargando a mi teniente se acordase siempre en el frangente [indefensión] que quedaba.
Fecho [hecho] esto, entendí en proveer a lo que nos convenía, y viendo la grand [gran] desvergüenza y pujanza que los indios tenían por la poca que en nosotros veían, y lo mucho que nos acosaban, matándonos cada día a las puertas de nuestras casas nuestros anaconcillas [yanaconas], que eran nuestra vida, y a los hijos de los cristianos, determiné hacer un cercado de estado y medio en alto, de mill [mil] y seiscientos pies en cuadro que llevó doscientos mill adobes de a vara de largo y un palmo de alto, que a ellos y a él hicieron a fuerza de brazos los vasallos de V. M., y yo con ellos, y con nuestras armas a cuestas, trabajamos desde que lo comenzamos hasta que se acabó, sin descansar hora, y en habiendo grita de indios se acogía a él la gente menuda y bagaje, y allí estaba la comida poca que teníamos guardada, y los peones [4] quedaban a la defensa, y los de caballo salíamos a correr el campo y pelear con los indios, y defender nuestras sementeras. Esto nos duró desde que la tierra se alzó, sin quitarnos una hora las armas de a cuestas, hasta que el capitán Monroy volvió a ella con el socorro, que pasó espacio de casi tres años.
Los trabajos de la guerra, invictísimo César, puédenlos pasar los hombres, porque loor [honor] es al soldado morir peleando; pero los de la hambre concurriendo con ellos, para los sufrir, más que hombres han de ser: pues tales se han mostrado los vasallos de V. M. en ambos, debajo de mi protección, y yo de la de Dios y de V. M., por sustentarle esta tierra. Y hasta el último año destos [de estos] tres que nos simentamos [asentamos] muy bien y tovimos [tuvimos] harta comida, pasamos los dos primeros con extrema necesidad, y tanta que no la podría significar; y a muchos de los cristianos les era forzado ir un día a cavar cebolletas para se sustentar aquel y otros dos, y acabadas aquéllas, tornaba a lo mesmo [mismo], y las piezas todas de nuestro servicio y hijos con esto se mantenían, y carne no había ninguna; y el cristiano que alcanzaba cincuenta granos de maíz cada día, no se tenía en poco, y el que tenía un puño de trigo, no lo molía para sacar el salvado. Y desta [de esta] suerte hemos vivido, y toviéranse [tuviéronse] por muy contentos los soldados si con esta pasadía los dejara estar en sus casas; pero conveníame tener a la contina [continua, en forma permanente] treinta o cuarenta de caballo por el campo, invierno y verano y acabadas las mochillas que llevaban, venían aquellos y iban otros. Y así andábamos como trasgos, y los indios nos llamaban Cupais, que así nombran a sus diablos, porque a todas las horas que nos venían a buscar, porque saben venir de noche a pelear, nos hallaban despiertos, armados y, si era menester, a caballo. Y fue tan grande el cuidado que en esto tove [tuve] todo este tiempo, que con ser pocos nosotros y ellos muchos, los traía alcanzados de cuenta; y para que V. M. sepa no hemos tomado truchas a bragas enjutas, como dicen, basta esta breve relación.
De las provincias del Perú escribió el capitán Alonso de Monroy a V. M. cómo llegó a ellas sólo con uno de los soldados que de aquí sacó, y pobre, habiéndole muerto en el valle de Copayapo los indios los cuatro compañeros, y preso a ellos, y les tomaron el oro y despachos que llevaban, que no salvó sino un poder para me obligar en dineros; y dende [desde entonces] a tres meses que estovieron [estuvieron] presos, el capitán Monroy, con un cuchillo que tomó a un cristiano de los de don Diego de Almagro, que estaba allí hecho indio, que éste fue causa de la muerte de sus compañeros, y del daño que le vino, mató al cacique principal a puñaladas, y llevando por fuerza consigo a aquel transformado cristiano, se escaparon en sendos caballos y sin armas; y cómo halló en ellas al gobernador Vaca de Castro, en nombre de V. M., con la victoria de la batalla que ganó en su cesárea ventura contra el hijo de don Diego de Almagro y los que le seguían, y cómo le recibió muy bien y le favoresció [favoreció] con su abtoridad [autoridad].
Y porque el gobernador en aquella coyuntura tenía muchas ocupaciones, así en justiciar a los culpados, poner en tranquilidad la tierra y naturales, satisfacer servicios, despachar capitanes que le pedían descubrimientos, y en dar a V. M. cuenta y razón de todo con mensajeros propios y duplicados despachos, y la Caja de V. M. sin dinero, y él muy gastado y adeudado, buscó personas entre los vasallos de V. M. que sabía eran celosos de su real servicio y tenían hacienda, para que me favoreciesen con ella en tal coyuntura y me la fiasen. Halló uno, y un portugués, y diciéndoles lo que convenía al servicio de V. M. y sustentación desta [de esta] tierra, interponiendo en todo su abtoridad [autoridad] muy de veras y con tanta eficacia y voluntad, que me dijo mi teniente conoció dél [de él] dolerse en el ánima, y si toviera [tuviera] dineros o en la coyuntura que estaba le fuera lícito pedirlos prestados, se los diera con toda liberalidad para que hiciera la gente, por servir a Dios y a V. M.
Y las personas que favorecieron se llama la una Cristóbal de Escobar, que siempre se ha en aquellas partes empleado en el Real servicio de V. M.; éste socorrió, con que se hicieron setenta de caballo. Y un reverendo padre sacerdote llamado Gonzaliáñez le prestó otros cinco mill [mil] castellanos en oro, con que dio a la gente más socorro; y ambos vinieron a esta tierra por más servir a V. M. en persona. Y demás desto, viendo el gobernador la necesidad que había del presto despacho deste [de este] negocio entre los de más importancia, avió a mi teniente, primero, rogando a muchos gentiles hombres que tenían aderezo y querían ir a buscar de comer con otros capitanes, se viniesen con el mío, por el servicio que a V. M. se hacía, y a su intercesión vinieron muchos dellos [de ellos], y así le despidió y dijo que viniese con aquel socorro, que él procuraría enviar otro navío cargado de lo que fuese menester a estas provincias, como diese algúnd [algún] vado a los negocios.
Viniendo el capitán Alonso de Monroy a cibdad [ciudad] de Arequipa a comprar armas y cosas para la gente, diciendo a ciertas personas la necesidad que tenía de un navío y como el gobernador Vaca de Castro había enviado a llamar al maestre de uno para concertar con él viniese a estas partes, y no se atreviendo el maestre a eso, un vecino de allí, llamado Lucas Martínez Vegaso, súbdito y vasallo de V. M. y muy celoso de su Real servicio, que tal fama tiene en aquellas partes, sabiendo el que a V. M. se hacía, y la voluntad del gobernador, por quererle bien, cargó un navío que tenía de armas, herraje y otras mercaderías, quitándole de las granjerías de sus haciendas, que no perdió poco en ellas, y vino, que había cuatro meses que por falta dél [de él] no se celebraba el culto divino, ni oíamos misa, y me lo envió con un amigo suyo llamado Diego García de Villalón, y sabido por el Gobernador, se lo envió mucho a agradecer y tener en grand [gran] servicio de parte de V. M.
Escribióme [Me escribió] el gobernador Vaca de Castro, entre otras muchas cosas, los ejércitos que el Rey de Francia había puesto contra V. M. por diversas partes, y la confederación con el turco, que fue su último de potencia, y que la provisión de V. M. fue tal, que no sólo le fue forzado retirarse, pero perder ciertas plazas en su reino. De creer es que el temor de no perder el renombre de cristianísimo (a no irle a la mano) [sic] no fuera parte para que dejara de llegar a ejecución su dañada voluntad.
También me envió el pregón Real de la guerra contra Francia, de que me holgué por estar avisado, aunque podemos vivir bien seguros en estas partes de franceses, porque mientras más vinieren más se perderán. También me escribió para que enviase los quintos a V. M. Por ésta se verá lo que en esto se ha podido hacer, certificando a V. M. estimaría como a la salvación hallar en esta tierra doscientos o trescientos mill [mil] castellanos sobre ella para servir a V. M. con ellos, y socorrer a gastos tan crecidos, justos y sanctos [santos]; y confianza tengo en Dios y en la buena ventura de V. M. poderlo hacer algúnd [algún] día.
Por el mes de septiembre del año de 1543 llegó el navío de Lucas Martínez Vegaso al puerto de Valparaíso desta cibdad [de esta ciudad], y el capitán Alonso de Monroy con la gente por tierra, mediado el mes de diciembre adelante, y desde entonces los indios no osaron venir más, ni llegaron cuatro leguas en torno desta cibdad, y se recogieron todos a la provincia de los Promaocaes [promaucaes], y cada día me enviaban mensajeros diciendo que fuese a pelear con ellos y llevase los cristianos que habían venido, porque querían ver si eran valientes como nosotros, y que, si eran, que nos servirían, y si no, que harían como en lo pasado; yo les respondí que sí haría.
Reformadas las personas y los caballos, que venían todos flacos por no haber visto desde el Perú hasta aquí un indio de paz, padeciendo mucha hambre, por hallar en todas partes alzados los mantenimientos, salí con toda la gente, que vino muy bien aderezada y a caballo, a cumplirles mi palabra, y fui a buscar los indios, y llegado a sus fuertes los hallé huídos todos, acogiéndose de la parte de Mauli [Maule] hacia la mucha gente, dejando quemados todos sus pueblos y desamparado el mejor pedazo de tierra que hay en el mundo, que no parece sino que en la vida hobo indio en ella. Y en esto estábamos por el mes de abril del año de 1544, cuando llegó a esta costa un navío, que era de cuatro o cinco compañeros que de compañía lo compraron y cargaron de cosas necesarias, por granjear la vida, y hallaron la muerte; porque cuando al paraje desta [de esta] tierra llegaron, venían tres hombres solos y un negro y sin batel, que los indios de Copoyapo [Copiapó] los habían engañado y tomado el barco, y muerto al maestre y marineros, saliendo por agua, y treinta leguas deste [de este] puerto junto a Mauli [Maule] dieron con temporal al través, y mataron los indios a los cristianos que habían quedado, y robaron y quemaron el navío.
El junio adelante, que es el riñón del invierno, y le hizo tan grande y desaforado de lluvias, tempestades, que fue cosa mostruosa [monstruosa], que como es toda esta tierra llana, pensamos de nos anegar, y dicen los indios que nunca tal han visto, pero que oyeron a sus padres que en tiempo de sus abuelos hizo así otro año. Llegó otro navío, que fue el que prometió de enviar el gobernador Vaca de Castro, que un criado suyo, llamado Juan Calderón de la Barca, por cumplir su palabra, viendo el deseo que tenía su amo de enviarme socorro de cosas necesarias, y que no se hallaba con dineros para ello, empleó diez o doce mill pesos que tenía, y cargó y vino con ellas, y el navío se llama Sanct [San] Pedro.
El capitán, piloto y señor del navío, y que le trujo después de Dios y guió acá, se llama Juan Baptista de Pastene, ginovés [genovés], hombre muy práctico de la altura y cosas tocantes a la navegación, y uno de los que mejor entienden este oficio de cuantos navegan esta Mar del Sur, persona de mucha honra, fidelidad y verdad, y que sirvió mucho a V. M. en las provincias del Perú y al Marqués don Francisco Pizarro, y después de muerto, en la recuperación dellas [de ellas] debajo la comisión del gobernador Vaca de Castro, el cual le mandó, de parte de V. M. viniese a estas provincias, por ser hombre de confianza y se empleara en su Real servicio y le conocía por tal; y él se ofresció [ofreció] a venir por hacerle a V. M. tan señalado, demás de los hechos: con él me envió el Gobernador las nuevas de Francia, y el pregón contra ella que tengo dicho.
Pasada la furia del invierno, mediado agosto, que comienza la primavera, fui al puerto, y sabiendo la voluntad del capitán, que era servir a V. M. en estas partes en lo que yo le mandase, y la persona que era, y lo que había hecho en su Real servicio, que ya yo lo sabía y le conocía del tiempo del Marqués, le hice mi teniente general en la mar y le envié a descubrir esta costa hacia el Estrecho de Magallanes, dándole otro navío y muy buena lente para que llevase en ambos, y a que me tomase posesión en nombre de V. M., de la tierra, y así fue. Lo que halló y hizo, verá V. M. por la fee [fe] que aquí va, y dello [de ello] la da Juan de Cárdenas como escribano mayor del juzgado destas [de estas] provincias, que en nombre de V. M. crié, que juntamente le envié por acompañado con él para lo que conviniese para al [el] servicio de V. M.
También envié a mi maestre de campo Francisco de Villagra, por tener práctica de las cosas de la guerra y que ha servido mucho a V. M. en estas partes, para que a los indios destas [de éstas] provincias los echase hacia acá y me tomase lengua de las de adelante; y desde entonces tengo a Francisco de Aguirre, mi capitán, desa [de esa] parte del río Mauli [Maule] en la provincia de Itata, con gente, que tiene aquella frontera y no da lugar que los indios de por acá pasen a la otra parte, y si los acogen los castiga; y estará allí hasta que yo vaya adelante; y viéndose tan seguidos, y que perseveramos en la tierra, y que han venido navíos y gente, tienen quebradas las alas y ya de cansados de andar por las nieves y montes, como animalias [anomalías] determinan de servir; y el verano pasado comenzaron a hacer sus pueblos y cada señor de cacique ha dado a sus indios simiente, así de maíz como de trigo, y han sembrado para simentarse y sustentarse, y de hoy en adelante habrá en esta tierra grand [gran] abundancia de comida, porque se hacen en el año dos sementeras, que por abril y mayo se cogen los maíces, y allí se siembra el trigo, y por diciembre se coge, y torna a sembrar el maíz.
Como esta tierra, estaba tan mal infamada, como he dicho, pasé mucho trabajo en hacer la gente que a ella truje [traje], y toda la acaudillé a fuerza de brazos de soldados amigos que se quisieron venir en mi compañía aunque fuera a perderme, como lo pensaron muchos, y por lo que hallé prestado para remediar a los que lo hobieron [hubo] menester, que fueron hasta quince mill [mil] pesos en caballos, armas y ropa, pago más de sesenta mill [mil] en oro, y el navío y gente de socorro que me trajo mi teniente. Debo por todo lo que se gastó ciento y diez mill [mil] pesos, y del postrero que vino me adeudé en otros sesenta mill, [mil] y están al presente en esta tierra doscientos hombres, que me cuesta cada uno más de mill [mil] pesos puesto en ella; porque a otras tierras nuevas van por la buena fama a ella los hombres, y desta [de ésta] huyen todos por la mala en que la hablan dejado los que no quisieron hacer en ella como tales: y así me ha convenido hasta el día de hoy para la sustentar, comprar los que tengo a peso de oro, certificando a V. M., que no tengo de toda esta suma que he dicho acción contra nadie de un solo peso para en descuento della [de ella], y todos los he gastado en beneficio de la tierra y soldados que la han sustentado por no podérseles dar aquí lo que es justo y merecen, haciéndoles de todo suelta [entrega]; y haré lo mesmo [mismo] en lo de adelante, que no deseo sino descobrir [descubrir] y poblar tierras a V. M., y no otro interese[tengo otro interés], junto con la honra y mercedes que será servido de me hacer por ello, para dejar memoria y fama de mí, y que la gané por la guerra como un pobre soldado, sirviendo a un tan esclarecido monarca, que poniendo su sacratísima [sacrosanta] persona cada hora en batallas contra el común enemigo de la Cristiandad y sus aliados, ha sustentado con su invictísimo [invicto] brazo y sustenta la honra della [de ella] y de nuestro Dios, quebrantándoles siempre las soberbias que tienen contra los que honran el nombre de Jesús.
Demás desto [de ésto], en lo que yo he entendido después que en la tierra entré y los indios se me alzaron, para llevar adelante la intención que tengo de perpetuarla a V. M., es en haber sido gobernador en su Real nombre para gobernar sus vasallos, y a ella con abtoridad, [autoridad] y capitán para los animar en la guerra, y ser el primero a los peligros, porque así convenía; padre para los favorecer con lo que pude y dolerme de sus trabajos, ayudándoselos a pasar como de hijos, y amigo en conversar con ellos; zumétrico [simétrico] en trazar y poblar; alarife en hacer acequias y repartir aguas; abrador [labrador] y gañán en las sementeras; mayoral y rabadán en hacer criar ganados; y, en fin, poblador, criador, sustentador, descubridor y conquistador. Y por todo esto, si merezco tener de V. M. el abtoridad [autoridad] que en su Real nombre me ha dado su Cabildo y vasallos, y confirmármela de nuevo para con ella hacerle muy mayores servicios, a su cesárea voluntad lo remito.
Y por lo que yo me persuado merecerla mejor, es por haberme, con el ayuda primeramente de Dios, sabido valer con doscientos españoles tan lejos de poblaciones de cristianos, habiendo subcedido [sucedido] en las del Perú lo pasado, siendo tan abundantes de todo lo que desean los soldados poseer, teniéndolos aquí subjectos [sujetos, arraigados], trabajados, muertos de hambre y frío, con las armas a cuestas, arando y sembrando por sus propias manos para la sustentación suya y de sus hijos; y con todo esto, no me aborrecen, pero me aman porque comienzan a ver ha sido todo menester para poder vivir y alcanzar de V. M. aquello que venimos a buscar: y con esto, rabian por ir a entrar esa tierra adelante, para que pueda en su Real nombre remunerarles sus servicios. Y por mirar yo lo que al de V. M. conviene, me voy poco a poco: que aunque he tenido poca gente, si toviera [tuviera] la intención que otros gobernadores, que es no parar hasta topar oro para engordar, yo pudiera con ella haber ido a lo buscar y me bastaba; pero por convenir al servicio de V. M. y perpetuación de la tierra, voy con el pie de plomo, poblándola y sustentándola. Y si Dios es servido que yo haga este servicio a V. M. no será tarde, y donde no, el que viniere después de mí, a lo menos halle en buena orden la tierra, porque mi interese [interés] no es comprar un palmo della [de ella] en España, aunque toviese [tuviese] un millón de ducados, sino servir a V. M. con ellos y que me haga en esta tierra mercedes, y para que dellas [de ellas], después de mis días, gocen mis herederos y quede memoria de mí y dellos [de ellos] para adelante. Y tampoco no quisiera haber tenido más posibilidad, si no fuera tanta que hobiera [hubiera] para dejar y llevar, porque a no ir con ella adelante, mientras más gente hobiera [hubiera] más trabajos pasara en la sustentar. Con la que he tenido, aventurando muchas veces sus vidas y la mía, he hecho el fruto que ha sido menester para tener las espaldas seguras cuando me vaya a meter de hecho adonde pueda poblar y perpetuarse lo poblado.
Sepa V. M. que desde el valle de Copayapo [Copiapó] hasta aquí hay cient [cien] leguas y siete valles en medio, y de ancho hay veinte y cinco por lo más, y por otras, quince y menos, y las gentes que de las provincias del Perú han de venir a estas, el trabajo de todo su camino es de allí aquí, porque hasta el valle de Atacama, como están de paz los indios del Perú, con la buena orden que el Gobernador Vaca de Castro ha dado, hallarán comida en todas partes, y en Atacama se rehacen della [de ella] para pasar el grand [gran] despoblado que hay hasta Copoyapo [Copiapó], de ciento y veinte leguas, los indios del cual y de todos los demás, como son luego avisados, alzan [vierten] las comidas en partes que no se pueden haber, y no sólo no les dan ningunas a los que vienen, pero hácenles [les hacen] la guerra. Y porque ya en esta tierra se pueden sustentar todos los que están y vinieren, atento que se cogerán de aquí a tres meses por diciembre, que es el medio del verano, en esta cibdad [ciudad] diez o doce mill hanegas [mil fanegas] de trigo y maíz sin número, y de las dos porquezuelas y el cochinillo que salvamos cuando los indios quemaron esta cibdad [ciudad], hay ya ocho o diez mill [mil] cabezas, y de la polla y el pollo tantas gallinas como yerbas, que verano y invierno se crían en abundancia. Procuré este verano pasado, en tanto que yo entendía en dar manera para enviar al Perú, poblar la cibdad [ciudad] de la Serena en el valle de Coquimbo, que es a la mitad del camino, y hase [se ha] dado tan buena maña el teniente que allí envié con la gente que llevó, que dentro de dos meses trujo de paz todos aquellos valles, y llámase el capitán Juan Bohón: y con esto pueden venir de aquí adelante seis de caballo del Perú acá, sin peligro ni trabajo.
Como dieron la vuelta el capitán Juan Baptista de Pastene, mi teniente, por la mar, y mi maestre de campo por la tierra de donde los había enviado, y que los indios comenzaban a asentar y sembrar, por poder ir yo adelante a buscar de dar de comer a doscientos hombres que tengo, que en lo repartido a esta cibdad [ciudad], que es de aquí hasta Mauli [Maule], no hay para veinticinco vecinos, y es mucho, porque son treinta leguas en largo y catorce o quince en ancho, y porque me puedan venir caballos y yeguas para la gente que tengo, que en la guerra y trabajos della [de ella] me han muerto la mayor parte que truje [traje], eché este verano pasado a las minas los anaconcillas [yanaconas] que nos servían, y nosotros con nuestros caballos les acarreábamos las comidas, por no fatigar a los naturales, hasta que asienten, trabajando éstos que tenemos por hermanos, por haberlos hallado en nuestras necesidades por tales, y ellos se huelgan [solazan] viendo que hacen tanto fructo [fruto], y en las mazamorras [desmontes o relaves] que han dejado los indios de la tierra donde sacaban oro, han sacado hasta veinte y tres mill [mil] castellanos, con los cuales y con nuevos poderes y crédito para que me obligue en otros cient mill [cien mil], envío al capitán Alonso de Monroy, para que tome segundo trabajo, a las provincias del Perú; y por responder a aquella tierra al Gobernador Vaca de Castro, que le he hallado en todo lo que al servicio de V. M. ha convenido como aquí digo; y para que haga saber a los mercaderes y gentes que se quisieren venir a avecindar, que vengan, porque esta tierra es tal, que para poder vivir en ella y perpetuarse no la hay mejor en el mundo; dígolo [lo digo] porque es muy llana, sanísima, de mucho contento; tiene cuatro meses de invierno, no más, que en ellos, si no es cuando hace cuarto la luna, que llueve un día o dos, todos los demás hacen tan lindos soles, que no hay para qué llegarse al fuego. El verano es tan templado y corren tan deleitosos aires, que todo el día se puede el hombre andar al sol, que no le es importuno. Es la más abundante de pastos y sementeras, y para darse todo género de ganado y plantas que se puede pintar; mucha y muy linda madera para hacer casas, infinidad otra de leña para el servicio dellas [de ellas], y las minas riquísimas de oro, y toda la tierra está llena dello [de ello], y donde quiera que quisieren sacarlo allí hallarán en que sembrar y con que edeficar [edificar] y agua, leña y yerba para sus ganados, que parece la crió Dios a posta [adrede] para poderlo tener todo a la mano; y a que me compre caballos para dar a los que han muerto en la guerra como muy buenos soldados, hasta que tengan de que los comprar, porque no es justo anden a pie, pues son buenos hombres de caballo y la tierra ha menester; y algunas yeguas para que con otras cincuenta que aquí hay al presente, no tenga de aquí adelante necesidad de enviar a traer caballos de otras partes; y para que diga a todos los gentiles hombres y súbditos de V. M. que no tienen allá de comer, que vengan con él, si lo desean tener acá. Y con este viaje, tengo por mí, los caminos y voluntades de los hombres se abrirán y vernán [vendrán] a esta tierra muchos sin dineros a tenerlos en ella, y cuando no, quien ha gastado lo de hasta aquí, y espera gastar lo de ahora, lo pagará y gastará otro tanto por acabar de acreditar la tierra y perpetuarla a V. M.; y el que está como yo al pie de la obra, ha gastado y espera gastar lo que digo y pasado los trabajos: vea V. M. qué puede hacer el que viniere por el Estrecho [de Magallanes] con gente nueva.
También envío al capitán Juan Baptista de Pastene, mi teniente por la mar, con algunos dineros y crédito a traerme por ella armas, herraje, pólvora y gente.
También quiero advertir a V. M. de una cosa: que yo envié a poblar la cibdad [ciudad] de la Serena, por la causa dicha de tener el camino abierto, y hice Cabildo y les di todas las demás abtoridades [autoridades] que convenía, en nombre de V. M., y esto me convino hacer y decir. Y porque las personas que allá envié fuesen de buena gana, les deposité indios que nunca nacieron, por no decirles habían de ir sin ellos a trabajos de nuevo, después de haber pasado los tan crecidos de por acá. Así que, para mí tengo que como se haya hecho el efecto porque lo poblé, converná [convendrá] despoblarse si detrás de la cordillera de la nieve no se descubren indios que sirvan allí, porque no hay desde Copoyapo [Copiapó] hasta el valle de Canconcagua [Aconcagua], que es diez leguas de aquí, tres mil indios, y los vecinos que agora [ahora] hay, que serán hasta diez, tienen a ciento y doscientos indios no más; y por esto me conviene, en tanto que hay seguridad de gente en esta tierra, con el trato della [de ella], tener una docena de criados míos en frontería [frontera] con aquellos vecinos, y de lo que aquellos valles podrán servir a sus amos en esta cibdad [ciudad] de Sanctiago [Santiago] será con algúnd [algún] tributo y con tener un tambo en cada valle donde se acojan los cristianos que vinieren y les den de comer; y haránlo [lo harán] esto los indios muy de buena voluntad y no les será trabajo ninguno, antes se holgarán.
Así que, V. M. sepa que esta cibdad [ciudad] de Sanctiago [Santiago] del Nuevo Extremo es el primer escalón para armar sobre él los demás y ir poblando por ellos toda esta tierra a V. M. hasta el Estrecho de Magallanes y Mar del Norte. Y de aquí ha de comenzar la merced que V. M. será servido de me hacer, porque la perpetuidad desta [de esta] tierra y los trabajos que por sustentarla he pasado, no son para más de poder emprehender lo [emprenderlo] de adelante; porque, a no haber hecho este pie y meterme más en la tierra sin poblar aquí, si del cielo no caían hombres y caballos, por la tierra era excusado venir pocos, y muchos menos por la falta de los mantenimientos, y por mar no pueden traerse caballos, por no ser para ellos la navegación; y con poblar aquí y sustentar ya Coquimbo de prestado, pueden ir y venir a placer todos los que quisieren. Y como me venga ahora gente, aunque no sea mucha, para la seguridad de aquí, y algunos caballos para dar a la que acá tengo a pie, entraré con ella a buscar donde les dar de comer y poblar y correr hasta el Estrecho, si fuese menester. Así que, este es el discurso de lo que se ha podido y pienso hacer y las razones porque se ha hecho, aunque en breve dichas.
También repartí esta tierra, como aquí vine, sin noticia, porque así convino para aplacar los ánimos de los soldados, y dismembré [desmembré, separé] a los caciques por dar a cada uno quien le sirviese; y la relación que pude tener fue de cantidad de indios desde este valle de Mapocho hasta Mauli [Maule] y muchos nombres de caciques; y es que, como éstos nunca han sabido servir, porque el Inga [Inca] no conquistó más de hasta aquí, y son behetrías, eran nombrados todos los principalejos [ principales], y cada uno déstos [de estos] los indios que tienen son [de] a veinte y treinta, y así los deposité después que cesó la guerra y he ido a los visitar; lo comienzo a poner en orden tomando a los principales caciques sus indios, haciendo como mejor puedo para que no se disipen los naturales que hay, y se perpetúe esta tierra; y llevaré comigo [conmigo] adelante todos los que aquí tenían nonada [nada], y lo dejan, con satisfacer a V. M. que particularmente ni por mi propio interese [interés] no haré agravio a nadie; y si lo que se hiciere les pareciere a algunos lo es, será por el servicio de V. M. y general bien de toda la tierra y naturales, a los cuales trato yo conforme a los mandamientos de V. M., por descargar su Real conciencia y la mía. Y para ello hay cuatro religiosos sacerdotes, que los tres vinieron comigo [conmigo], que se llaman Rodrigo González y Diego Pérez y Juan Lobo [5], y entienden en la conversión de los indios y nos administran los sacramentos y usan muy bien su oficio de sacerdocio; y el padre bachiller [abogado] Rodrigo González hace en todo mucho fructo [fruto] con sus letras y predicación, porque lo sabe muy bien hacer, y todos sirven a Dios y a V. M.
Así que, invictísimo César, el peso desta [de esta] tierra y de su sustentación y perpetuidad y descubrimiento, y lo mesmo [mismo] de la de adelante, está en que en estos cinco o seis años no venga a ella de España por el Estrecho de Magallanes capitán proveído por V. M., ni de las provincias del Perú, que me perturbe. Al Perú así lo escribo al Gobernador Vaca de Castro, que se hace en todo lo que al servicio de V. M. conviene: A V. M. aquí se lo advierto y suplico, porque, caso que viniese gente por el Estrecho, no pueden traer caballos, que son menester, que es la tierra llana como la palma. Pues gente no acostumbrada a los mantenimientos de acá, primero que hagan los estómagos barquinos [odre] acedos para se aprovechar dellos [aprovecharlos], se mueren la mitad y los indios dan presto con los demás al traste; y si nos viesen litigar [a pelear] sobre la tierra, está tan vedriosa [vidriosa, frágil, vulnerable] que se quebraría y el juego no se podría tornar a entablar en la vida. La verdad yo la digo a V. M. al pie de la letra, y así ella y a su cesárea voluntad halle yo siempre en mi favor; que por lo que deseo no venga persona que me extraiga del servicio de V. M. ni perturbe en esta coyuntura, es por emplear la vida y hacienda que tengo y hobiere [hubiere] en descobrir [descubrir], poblar, conquistar y pacificar toda esta tierra hasta el Estrecho de Magallanes y Mar del Norte, y buscarla tal que en ella pueda a los vasallos de V. M. que comigo [conmigo] tengo, pagarles lo mucho que en ésta han trabajado y descargar con ellos su Real conciencia y la mía. Y después desto [de esto] hecho, que es mi principal contento, y que V. M. tenga noticia de mis servicios y de mí como es justo, pues yo a su cesárea persona los he hecho y hago y merezca oír y ver por cartas de V. M. que le son aceptos [aceptados] y a mí es servido de me tener en el número de sus leales súbditos y vasallos y criados de su Real Casa, que no deseo más. Si la tierra toda V. M. fuese servido darla a otra u otras personas en gobierno, sin dejarme a mí parte o con la que fuere su Real servicio, digo que, siendo cierto mana de su cesáreo albedrío yo meteré en la posesión della [de ella] toda, o de aquella parte, a la persona que V. M. me enviara a mandar por una muy breve cédula firmada de su cesárea mano, o de los señores que presiden en el Real Consejo destas [de estas] sus Indias, y hasta que V. M. pueda saber esto y sea servido de me mandar responder, yo manterné [mantendré] la tierra como hasta aquí con la abtoridad [autoridad] que su Cabildo y pueblo me ha dado: y viendo mandado en contrario desto [de esto], la deporné [depondré] y me tornaré un privado soldado y serviré al que viniere nuevamente proveído a estas partes en su sacratísimo [sacrosanto] nombre, con el ánimo y voluntad que en lo pasado lo he hecho y presente hago a V. M. Y estas mercedes son las que en principio de mi carta digo que he pedir, en satisfacción de los pequeños servicios que hasta el día de hoy he hecho y de los muy crecidos que deseo hacer toda la vida en acrescentamiento [acrecentamiento] del patrimonio y rentas reales de V. M.
Advierto a V. M. de una cosa y suplico muy humillmente [humildemente] por ella, y es: que siendo servido de dar esta tierra a alguna persona que con importunación la pida, por haber hecho servicios y representarlos ante su cesáreo acatamiento, sea con condición se obligue a mis acreedores por la suma de los doscientos y treinta mill [mil] pesos que debo y por los cient mill [cien mil] que de nuevo envío a que me obliguen, que también se gastarán, y de los demás que yo hobiere [hubiere] gastado en beneficio de la tierra y para su sustentación, porque hasta ahora no he habido della [de ella] sino son los siete mill [mil] pesos que tomaron los indios de Copoyapo [Copiapó] al capitán Alonso de Monroy la primera vez y los veinte y tres mill [mil] que también envío ahora para el útil della [el uso de ella] al Perú; y esto sólo por no perder el crédito y por ser razonable y por la conciencia, y no quiero salir con más hacienda de saber que en ello se sirve V. M., porque de nuevo, en calzas y jubón, con mi espada y capa, tornaría [volvería] a emprender con mis amigos, a quien no he satisfecho lo que es justo y merecen, a hacer nuevos servicios a V. M.
Otra y muchas veces suplico a V. M., pues tengo comenzada tal obra, porque no se me haga mala, hasta que yo envíe la relación y discretión [descripción] de la tierra, y escriba cumplidamente con mensajeros propios y duplicados despachos, y los Cabildos, ni más ni menos, con relación de todo lo por mí y ellos hecho en su Real servicio, y le envíe a pedir las mercedes, exenciones y libertades que V. M. acostumbra dar y merecen los que bien le sirven, sea servido de mandar que no se provea cosa nueva para acá; y estando proveída, se sobresea, porque así conviene al servicio de V. M., y para mí será tan grand [gran] merced cual no sabría encarecer ni significar, porque no querría que al tiempo que han de ser por V. M. acebtos [aceptados] mis servicios, viniese algúnd [algún] traspié, sin querer yo dar causa a ello, por donde se tornase ante su cesáreo acatamiento al contrario.
Quedé tan obligado al Marqués Pizarro, de buena memoria, por haberme enviado donde V. M. y tenga la noticia de mis servicios y de mí, que no puedo pagárselo sino con tener, mientras viviere, a sus hijos en el lugar que a él, y por perder el abrigo de tal padre, que tanto se desveló en el servicio de V. M. haciendo tan grand fructo [gran fruto] en acrescentamiento [acrecentamiento] de su Real patrimonio, para que ellos gocen de tan justos sudores: a V. M. suplico humillmente [humildemente] se acuerde dellos [de ello], haciéndoles tales mercedes que se puedan sustentar como hijos de quien son.
El portador desta [de esta] carta se llama Antonio de Ulloa: es tenido por mí, y estimado por los que le conocen por sus obras y buenas maneras, por caballero y hijodalgo, y como tal se mostró en estas partes en su Real servicio, gastando para venirle a servir en ellas la hacienda que él por acá ha ganado y podido haber; y por ello va adeudado y obligado a pagar en su tierra, por venir en mi compañía y traer muy buenos caballos y armas para servir en la guerra, como ha servido como muy gentil soldado que es, prático [práctico, hábil] y experimentado en las cosas della [de ella], y lo ha gastado todo en la sustentación desta [de esta] tierra, y por esto le deposité en nombre de V. M. dos mill [mil] indios. Y dejado aparte, es justo los tenga por sus servicios: por ellos y por otras muchas razones que hay, es merecedor de las mercedes que V. M. fuera servido de le mandar hacer en estas partes, así a él, como a la persona que a ellas quisiese enviar a que goce por él de los trabajos que ha pasado en el conflicto de toda esta tierra. Vase [se va] ahora que había de haber satisfacción cogiendo fructo dellos [frutos, ganancias, de ellos]; y porque la razón que le mueve a irse a su natural es tan justa, le dejo ir, que, a no tenerla tan grande y serle a él en tanto contentamiento la ida, hasta que yo le satisficiera en nombre de V. M. sus servicios, o le diera tanta cantidad de pesos de oro como era justo para que allá se pudiera representar como quien es, no le partiera de mí. Él tuvo cartas de España con el primer navío que aquí vino de sus deudos, en que le avisaban que su hermano mayor, heredero que quedó de su padre para sustentar su casa, murió sin dejar hijos, y porque ésta no perezca saliendo fuera de su derecha línea, se va a casar, por dejar quien después della [de ella] herede, para que no muera la memoria della [de ella]. Y así, dándole de lo poco que tenía, yendo satisfecho, de mi voluntad quisiera darle mucho, le di la licencia que deseaba; y porque yo estoy de camino y tan ocupado en lo que digo, y no puedo enviar relación de la tierra hasta que tenga de qué darla buena, escribo con él esta carta para que la presente a V. M. y sepa en el estado en que quedo y mande proveer a lo que suplico. Y porque dél [de él] se podrá saber lo demás que yo aquí no digo, ceso, suplicando muy humillmente [humildemente] a V. M. en todo aquello que de mi parte dijere y suplicare, por quedar confiado dirá y hará como quien es, le mande V. M. dar todo el crédito que a mi propia persona sería servido de dar.
Porque tenía necesidad el navío de darse carena [reparación] y echar a monte, y no había aparejo para ello en esta cibdad[ciudad], y en la Serena hay un cierto betume [betún] que lo da Dios de su rocío y se cría en unas yerbas en cantidad, que es como cera, y dicen para esto muy apropiado; me voy a ella a despachar a V. M., y al Cuzco en tanto que se calafetea y pone en orden, por no perder tiempo; y dejo a mi maestre de campo para que en el entretanto haga se aderece [prepare] la gente para partir en dando la vuelta, que será como se vayan los mensajeros y navío esté en orden y presto; y ya lo está, y le despacho, y se parte con el ayuda de Dios y de su bendita Madre, y en la ventura de V. M. A su inmensa bondad plega [ruega] me la de a mí y llegue a salvamento ante su cesáreo acatamiento esta carta y elección y fe de la posesión y mensajero, para que entienda V. M. cuál es mi fin en su Real servicio. Y así he hablado a los caciques y dícholes [ les he dicho] que sirvan muy bien a los cristianos, porque, a no hacerlo, envío ahora a V. M. y al Perú a que me traigan muchos, y que, venidos, los mataré a todos; que para qué los quiero, que adelante hay tantos como yerbas que sirvan a V. M. y a los cristianos, y que pues son ellos perros y malos contra los que yo traje, no ha de quedar ninguno, y que no les valdrá la nieve ni enterrarse vivos en la tierra donde salieron; que allí los hallaré; por eso, que vean cómo les va. Y como ellos me conocen y que hasta aquí no les he dicho cosa que no haya salido; así y héchola [hecha] yo de la mesma [misma] manera, temieron y temen en verdad, y respondieron quieren servir muy bien en todo lo que yo les mandare. Y ni con esto me engañarán, que yo dejaré aquí recaudo hasta que venga gente y después de seguro lleve toda la que hay, y servirán ellos a la cibdad de Sanctiago [ciudad de Santiago] con algúnd [algún] tributo a sus amos y con tener tambos en el camino. Y así me parto y vuelvo a ella con la bendición de Dios y de V. M., que le suplico me alcance, cuya sacratísima persona por largos tiempos guarde Nuestro Señor con la superioridad y señorío de la cristiandad y monarquía del universo.
Desta cibdad [de esta ciudad] de la Serena, a 4 de septiembre 1545.- S. C. C. M. Muy humillde súbdito y vasallo de V. M., que sus sacratísimos pies y manos besa.
Pedro de Valdivia.
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[1] Según algunos autores, como Tomás Thayer Ojeda y Crescente Errázuriz, esta fecha puede señalar el día en que se iniciaron las obras de construcción de la ciudad. (N. del E).
[2] Aunque no se apunta la fecha, la destrucción de Santiago, como es sabido, ocurrió el 11 de septiembre de 1541. (N. del E).
[3] “Pecezuelas”, diminutivo de piezas, es decir, indígenas. (N. del E).
[4] (soldado de a pié. N. del E).
[5] El sacerdote, cuyo nombre se omite era Gonzalo Yañez. (N. del E).